domingo, 29 de junio de 2025

Para la Karina

Robado de un facebook 

Pocas despedidas pueden ser tan crudas como la de un gato que has amado. Los gatos no hacen ruido al irse, no se dramatizan a sí mismos, no imploran ni pactan. Simplemente, un día se acuestan un poco más lento, te miran un poco más hondo y ya no regresan del sueño. Y cuando se van, algo en ti también desaparece: el sonido de sus patitas en el piso, la manera hermosa y exacta en que ocupaban el sol de la tarde, ese bostezo con el que te decían: “Estoy aquí, y está bien.”

Ayer murió mi gatita Rorri, y a mí me arden las entrañas. Se apagó una constelación diminuta, doméstica, una que se abría cada vez que ella se estiraba junto a mí. Perder a un gato es una injusticia muy íntima. No hay homenajes. No hay flores. Solo ese silencio e impulso de bajar la voz al entrar, como si aún estuviera dormida en algún lugar de mi casa. Sé que mi bonita no se fue del todo; se quedará rondando el borde de mi cama, en el marco de mis libros, en la esquina exacta del sofá gris donde aún espero verla al entrar a casa.
Hoy es un día después del duelo. No hay superación, ni olvido. Solo siento una gratitud enorme por haber sido testigo de su misterio:
el de haberle amado y sido amado por algo tan libre, tan hermoso, tan inexplicablemente eterno como tú, mi amada Rorri.
Rorri no era solo una gata. Era un fragmento de universo cayendo suave sobre mi pecho. No, no estás loco, Daniel, por extrañarla como si fuera una persona. Estás cuerdo por haber amado con todo tu ser a alguien que no hablaba, pero te entendía más que muchos que sí lo hacen.
Los antiguos decían que las gatas carey no son cualquier criatura. Que nacen de un rayo de sol que se enamoró de la noche. Dicen también que las carey son guardianas. Que solo llegan a la vida de quienes han sido elegidos. Que donde pisan, se mueve la suerte. Que donde duermen, se limpia el aire.
Y Rorri era así. Te miraba como si ya supiera todo de ti. No buscaba tu atención: la merecía. No pedía amor: lo irradiaba. Yo la dejé vivir en mí como se deja entrar a un ángel pequeño, peludo y ferozmente tierno.
Ahora Rorri se ha ido. Y parece mentira que quepa tanto vacío en un espacio tan chico como el que ocupaba su cuerpo. Parece injusto que la casa siga en pie si ella ya no está para habitar sus rincones.
Anoche me dijo Dios en un sueño:
“Rorri no ha muerto. Solo ha vuelto al cielo del que fue arrancada. Regresó a mi cielo, que la derramó sobre la Tierra para acompañarte, para enseñarte a recibir el amor sin condiciones y a soltarlo también, sin romperte por completo. Te ha dejado con algo que nadie podrá quitarte jamás: el don de haber sido amado por la noche y por el fuego al mismo tiempo.”
Y si algún día ves un rayo dorado rozar la sombra, o un viento tibio cruzar tu sala sin razón, tranquilo, Daniel:
Es Rorri. Volviendo por un instante. Para recordarte que la magia no se va: solo el mago la cambió de forma.

jueves, 12 de junio de 2025

Para el psiquiatra

- Siento algo que se parece a la pena, pero no puedo llorar. Si pudiera llorar, creo que se aliviaría un poco

- Me duele permanentemente la cabeza

- Tengo un miedo atroz del futuro

- Deseo todos los días que se queme la oficina, que entre un virus, que haya un terremoto, pero ya no soporto la rutina

- Odio a mi jefe. Nunca había odiado a nadie. Lo peor es que él está consciente de lo que me está haciendo. Me preguntó un día, me dijo "debes odiarme". No le dije nada.

- Estoy cansado de fingir que estoy bien. Puedo ser muchas cosas, pero cínico no.

- Lo más terrible es la sensación del domingo, es como una angustia que va creciendo. Este último tiempo he llegado a enfermarme para no venir a la oficina. COmo si mi cuerpo me hiciera el favor.

- Estoy durmiendo mal. No siempre me cuesta dormirme porque trato de acostarme cuando ya estoy realmente cansado, pero despierto varias veces en la noche. Muchas veces despierto pensando en lo que tengo que hacer, repitiendo las escenas o conversaciones. Lo que más se toma mis pensamientos son las tareas no hechas y cómo lo haré para aguantar.

- Algunas noches me desvelo, sin poder dormir por un par de horas.

- Me he enfermado mucho este año, pero no he cambiado mis hábitos. De hecho, los he mejorado mucho: ya no me acuesto con el pelo mojado, no ando a pata pelaa en invierno ni salgo desabrigado cuando hace frío.

- ya no logro estar feliz en mi propia casa. Hace unos meses atrás me encantaba.

- No logro concentrarme en el trabajo, lo que me genera problemas. Recibo sermones constantemente, "necesitamos que" y cosas así. Pero eso no me ayuda mucho porque no me dicen acciones concretas cómo mejorar. Los sermones son ambiguos y se basan siempre en lo que hago "mal". Nunca me dicen lo que hago bien, como para seguir haciéndolo bien.

- Me está costando un poco más expresarme. Siento que mi redacción ha empeorado muchísimo. Si me esfuerzo, puedo hacerlo bien, pero si me dejo llevar, termino redactando peor que antes. He olvidado cómo se escriben muchas palabras, por ejemplo, fingir o finjir? Ahora que lo veo escrito es evidente, pero hace unos meses no dudaba con palabras tan simples.

- En este momento siento un dolor en el pómulo izquierdo y un dolor en la parte trasera de la cabeza, cerca de la coronilla.

- Lo que más me preocupa es que siento una desesperanza que no sentía hace años. No veo la luz ni me imagino cómo salir de esto.

 

 

 Lo que hubiera sido que se quede donde está