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jueves, 10 de mayo de 2012

Té de barro

Tengo una casita de muñecas donde me gusta estar. Nadie la conoce por dentro, allí todo es de juguete y menudito. Las tacitas donde tomo el té siempre están sucias al fondo (con tierra del menjurje que se tomó la once anterior) y puestas sobre una mesa de maderitas que se desarman.  A veces hay telas de araña en el techo y en el invierno la gotera cae justo donde debería estar la tele. Sé que a nadie más le importa que a mi mesita se le caigan las patas o que encuentre arañas de rincón adentro del horno. La gente piensa que mis arañas son menos de rincón porque viven en un casita de muñecas, que porque mis cubiertos son plásticos son menos cubiertos y que mis platos son menos platos porque sólo tengo dos, pero no es así. La gente nunca se fija en realidad, siempre están preocupados de pagar las cuentas del agua y de la luz y de no ponerle atención a las cosas que no entenderían. Aunque en mi casita todo es diferente, por eso me gusta tanto.
A veces me da pena pensar en ella y en las cortinas sarpullidas de flores marchitas por no ver la luz solar. Las cortinas no fueron hechas para eso, para sólo llenarse de motas. No puedo dejar de pensar en la puertecita que rechina un poquito más cada día que entro a jugar; en que cada día me queda un poquito más chica. ¿Qué pasará cuando ya no quepa por la puerta ni por las ventanas? ¿Las micros dejarán de pasar? Yo creo que no, nada va a cambiar para nadie, tal vez ni siquiera para mí, todo va a seguir igual pero diferente. A lo mejor las micros dejen de pasar como las conocemos, serán más lentas, pero se despegarán del piso y de las imperfecciones del pavimento y yo seré el único pasajero que viaje en ellas. A veces me iré sentado; otras veces de pie. Las cosas simplemente se despegarán del piso.
Con todo lo demás será la misma historia, ¿saben por qué? Piénsenlo, pueden pasar dos cosas: que todo se convierta en un sueño insípido o que yo me convierta en un sueño, lo que para efectos prácticos es la misma cosa. Debe ser la misma sensación a ser traicionado o que te boten todos los juguetes, porque después de eso ya nada vuelve a ser como antes. Pero las micros seguirán pasando y los intereses en el banco se seguirán acumulando y ¿les digo por qué? Porque a nadie en el mundo le preocupará donde mierda está oculta la caja que usé para guardar esas tablitas que un día fueron todo eso que escondía mi casa de muñecas. 

Notas del 2024.
A veces vuelvo a leer las entradas antiguas y les cambio alguna que otra cosa de redacción. Como leo menos que antes, supongo que las dejo peor. En particular, esta entrada siempre me gustó. Era una declaración de un futuro probable.
Les quiero contar que todo lo declarado aquí se cumplió. Les quiero contar que después de haber sido traicionado, vendido, asesinado y reclutado por una secta, he renacido. Las micros no se despegaron del piso, pero yo comencé a volar una vez que me quite el lastre de una vida sin propósito.
Aprendí tanto en estos años que me sorprendo a veces. Ya no necesito escribir para sobrellevar la pena y ya no lloro cada vez que me ducho. A veces quiero llorar y no puedo, es rarísimo.
Aunque uno pueda predecir el futuro, eso no es nada. Predecir algo es solo predecir una parte de eso y en un instante del tiempo. Además, ¿qué mérito tiene afirmar (y acertar) que recordar la pérdida de un ser querido en un futuro, gracias a un recuerdo en común, te hará mierda? Es más obvio que la chucha. Por otro lado, el solo hecho de describirlo lo hace más probable. Una vez pensado y ya está, es imposible saber qué parte fue la predicha y cuál fue la creada.
Volviendo al tema central, soy un afortunado de la vida, porque entender esto es lo más difícil por lo que he tenido que pasar. Hay personas que aprenden esa lección con la muerte de un o una ser querida.
La vida sigue, incluso uno se vuelve a enamorar. Imagínense lo que es eso. Un día crees que no puedes vivir sin una persona y al tiempo ya ni te acuerdas de cómo hablaba ni de su olor. ¿Pasará así con otros lutos de la vida? Me imagino que no, pero uno siempre vuelve a reír, no importa la mierda de la conchalalora que te pase. Como dicen en la princesa mononoke (voy a inventarla porque no me la sé exacta): la vida es una puta mierda, pero uno siempre encuentra una razón para seguir viviendo.
A veces pienso en las veces que pensé en matarme. Creo que nunca fueron en serio porque, por alguna razón, siempre he tenido la convicción de que se puede empezar de cero. En el peor de los casos, siempre pensaba en eso: ya, que tanta weá, me voy al sur y no vuelvo nunca más. Y si me quiero matar de nuevo, me voy al norte a trabajar en los barcos que sacan langostas. Y así, como los estafadores que se cambian a una ciudad donde nadie los reconoce, pero del suicidio. Por eso mismo digo que nunca fue en serio.
Ahora sé que no es necesario irse a ningún lado. La vida solo sigue. Los lutos pasan. Vuelve el verano y los rayos del sol se van llevando las penas.
Lo que no soportaría es volver a vivir sin sentido.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está