Después de escapar del colegio, cada uno quedó con un terreno. Yo fui junto a P a tirarle agua al vecino con una pistola de agua. Él tenía una especie de humedal oscuro que conectaba con un lago más grande. Algunos tomaron los sups para recorrer el lugar, pero yo preferí nadar.
Llegué hasta donde el lago se abría, se podía ver la represa, el pueblo, los bosques y la población abandonada que dejó la construcción de la represa.
Subí por las enormes rocas que se metían hasta lo más profundo del lago y caminé hasta los cimientos de la represa. Me dio la impresión que ya estaba seca o en desuso, así que me metí por los túneles por donde pasaba el agua.
Una alarma me hizo entender que todo el sistema seguía activo. Yo retrocedí y me alejé de una gran compuerta de concreto que estaba observando. Sin mucho margen, salió por el umbral de esa enorme estructura una lámina de acero al rojo vivo que iluminó todas las piezas metálicas que permanecían escondidas en la oscuridad. Luego de eso, comenzó a fluir el agua a presión, de la misma forma que escapa de una manguera hecha tiras por el sol.
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