Mostrando entradas con la etiqueta visiones de otras dimensiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta visiones de otras dimensiones. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de junio de 2012

Olas Grises 1

Hoy conocimos un pueblo, todavía más al sur que la última ciudad del continente, pasando el frío concreto de los supermercados subterráneos y de los edificios desiertos y por el azotado embarcadero de cielos oscuros y aguas revueltas donde a veces nos alojamos para recorrer sus calles de barro. Más allá de todo eso está el pueblo que les cuento, protegido por los mares más peligrosos del mundo.
Es un pueblo tranquilo, defendido por una tropa de soldados con bayonetas y por la eterna niebla que le da ese aspecto de olvidado en el tiempo. Las casas más adineradas del pueblo están en la península, en lo más alto de la colina de los caminos de adoquines. Pintadas de llamativos colores que harían retorcerse en sus tumbas a los antiguos dueños que alguna vez vinieron a construirlas aquí para abandonarlas a la mala fortuna de envejecer eternamente en un lugar donde no pasa el tiempo. En la ladera oeste nace la parte nueva del pueblo, atochada de casitas de latas amarillas y de redes y botes que invaden la playa norte de la pequeña bahía.
Como en todo lugar detenido en el tiempo, sus habitantes viven del pasado porque no conocen otra cosa, pero no se dan cuenta que todo es como antes sólo que más viejo. Los soldados patrullan sin sentido la costanera de piedra, el lago nublado y pequeño bosque de lengas, deteniendo al mismo borracho todos los días; otros cuantos recorren los interminables pasillos de la antigua feria buscando señales de vida.


 Lo que hubiera sido que se quede donde está