viernes, 22 de julio de 2011

Casa en un árbol

Estaba ahí, parado sobre el árbol, con un gorro de abuelo y un lápiz mina sobre la oreja, martillando. Yo no entendía mucho lo que estaba haciendo, pero sabía que era para mí. Pasamos días sobre ese árbol, yo lo miraba trabajar en silencio, sentado sobre un banquito que me construyó. Sólo bajábamos para almorzar. Las tablas de a poco se fueron haciendo uno con el árbol y todo cobró sentido entonces. Le pusimos una escalerita colgante y una puerta trampa, pintamos las paredes de verde oscuro en honor al camuflaje de guerra, muy de moda en esos años, y sobre nosotros, un par de planchas de plástico verde para que se pintara todo por dentro entre luz y color.
Nunca estuvo tan viva mi casita como en esos días cuando el sol se colaba suave entre las hojas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 Lo que hubiera sido que se quede donde está