Recuerdo perfectamente el día en el que M. se fue. Estábamos sentados en un paradero de Colón hablando de cómo controlar los sueños. Yo nunca lo había querido intentar, como bien me dijo un amigo una vez, eso no era para mí. M. me escuchó con la mirada perdida en algún sueño antiguo, mientras yo le contaba de esa vez que salté tres veces hasta que atravesé el concreto y desperté; era la primera vez que trataba de volar. M. me dijo que no todos consiguen volar y luego me habló de sus sueños. Me nombró las cosas en las que debería fijarme para saber que estoy soñando y otras en las que hay que pensar para poder mantenerme soñando, lo que según él es lo más difícil de lograr. M. ha volado muchas veces, dice que puedes sentir el viento entre los dedos y que cuando lo controlas, puedes ir a donde quieras. Me gustaba verlo ahí, en ese paradero de mierda, hablando del viento como alguien que recuerda un viejo amigo. Yo lo envidiaba un poco, hasta que descubrí que éramos del mismo tipo de personas. Hay algunos que si les das a elegir cualquier superpoder, dirán que quieren ser invisibles, tener superfuerza o supervelocidad; están otros que no dudan en decir que les gustaría controlar el tiempo; y está ese último grupo de personas que siempre soñará con volar. M. era de los que eligen volar.
yo eligo controlar el tiempo, qué dice eso de mi?¿
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