El viernes el profe nos contó que a veces en las noticias, metidas entre los 20 minutos de accidentes y los 15 de fútbol, hay historias interesantes, como la de un país donde se creó el ministerio de la alegría. El máximo encargado de este ministerio es el ministro de la alegría, el que debe preocuparse de que la gente esté feliz. Yo me lo imaginaba mientras el profe seguía hablando, sabía que sería negro y pelado, pero pelado de verdad, no muy viejo y que vestiría ropas como de sacerdote, con un gorrito de esos ridículos de cura y con esas bandas que cuelgan de los hombros. Luego pensé en todas las cosas que haría para que las personas fueran felices y en lo feliz que sería yo haciéndolo. Yo creo que a todos en la sala les dejó de importar el crecimiento económico, la distribución o el desempleo, perdidos, pensando en un país donde las casitas hechas de árboles se mezclarían con música aborigen y sonrisas blancas sobre pisos de tierra arcillosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario