martes, 26 de junio de 2012

Olas Grises 1

Hoy conocimos un pueblo, todavía más al sur que la última ciudad del continente, pasando el frío concreto de los supermercados subterráneos y de los edificios desiertos y por el azotado embarcadero de cielos oscuros y aguas revueltas donde a veces nos alojamos para recorrer sus calles de barro. Más allá de todo eso está el pueblo que les cuento, protegido por los mares más peligrosos del mundo.
Es un pueblo tranquilo, defendido por una tropa de soldados con bayonetas y por la eterna niebla que le da ese aspecto de olvidado en el tiempo. Las casas más adineradas del pueblo están en la península, en lo más alto de la colina de los caminos de adoquines. Pintadas de llamativos colores que harían retorcerse en sus tumbas a los antiguos dueños que alguna vez vinieron a construirlas aquí para abandonarlas a la mala fortuna de envejecer eternamente en un lugar donde no pasa el tiempo. En la ladera oeste nace la parte nueva del pueblo, atochada de casitas de latas amarillas y de redes y botes que invaden la playa norte de la pequeña bahía.
Como en todo lugar detenido en el tiempo, sus habitantes viven del pasado porque no conocen otra cosa, pero no se dan cuenta que todo es como antes sólo que más viejo. Los soldados patrullan sin sentido la costanera de piedra, el lago nublado y pequeño bosque de lengas, deteniendo al mismo borracho todos los días; otros cuantos recorren los interminables pasillos de la antigua feria buscando señales de vida.


domingo, 17 de junio de 2012

La música.1

Hay hartas cosas importantes en el mundo, como la música. Siempre pienso que la gente no entiende la música en realidad, que la escuchan para caer bien, como cuando se ríen de un chiste porque a todos los demás les hizo gracia. Me gusta la gente que siente la música, me gusta M. Cuando éramos chicos, en el tiempo que las canciones se bajaban cortadas porque siempre se desconectaba internet, uno iba llenando de a poquito la carpeta "música" con las primeras canciones enteras que pudieras bajar del Napster. Ya más grandes, M. tenía un par de canciones especiales, le gustaban tanto que las escuchaba sólo un par de veces al año por miedo a que le dejaran de gustar. Cualquiera diría que era estúpido, que si le gustaran de verdad las podría escuchar un millón de veces sin aburrirse, yo mismo lo webiaba poniéndolas, pero no era por eso que no las quería escuchar. Ahora no me imagino no entendiendo a mi hermano. No me imagino el día antes de conocer el temor de una canción, de un solo o de un acorde, ese miedo a conocer los recovecos de la armonía que el día anterior te había sacado el estómago por la boca.

Les voy a hacer un compilado de canciones que me gustan, de un estilo que no sé y que no sé tampoco qué tienen en común, pero todas me producen lo mismo. Son canciones como de viajes de chico en el asiento de atrás del auto, escuchando toda la noche como mis papás hablaban.






Esta ni siquiera la pude terminar de escuchar:



Me aburrí.

Menciones honrosas:

Esta no tiene nada que ver, pero es más triste que la chucha.




jueves, 14 de junio de 2012

13 de Junio

Me acuerdo que la tina movía toda la casa cuando pisabas fuerte. Salía poquita agua de la ducha y a veces veías arañas de rincón en las toallas blancas. Para jabonarse había un ejemplar lleno de pelos que ya blanqueaba por el uso y para lavarse el pelo había un balerina en bolsa, igual al que hay en mi casa, pero mucho más grande. Tal vez ni siquiera era más grande que el de mi casa, porque el que tengo yo no deja de ser una botella considerable, debe tener por lo menos un litro, pero me llamaba la atención que fuera en bolsa. Debe ser más barato, pensé en su momento, porque ¿por qué alguien querría comprar una bolsa de champú en lugar de una botella?

¿Cómo alguien puede ser tan cruel como para hacerte elegir entre comprar la botella o la bolsa?


miércoles, 13 de junio de 2012

Niñas de rojo

Hay niñas que todos los días por la mañana se duchan y se arreglan lo más bonitas que pueden. Algunas se pintan cuidadosamente para que no se note que sólo tienen una chaqueta y se arreglan el pelo para que el mismo pantalón se vea diferente al día anterior. Son las mismas niñas que siempre atienden en clases, con sus cuadernos llenos de colores baratos y sus errores tapados de corrector. Todos en el curso tienen fotocopias con sus letras, aprovechándose de que jamás levantan la voz. Son las mismas niñas que caminan bajo la lluvia con mochilas enormes, las mismas que bajan la vista al pasar.

miércoles, 6 de junio de 2012

5 de Junio

Iba a escribir hartas cosas, algunas tenían que ver con mis aventuras de hoy y otras no. De lo único que me puedo acordar ahora es de alguien que decía que no importaba lo que hicieras, que el trabajo era el trabajo, pero luego se dio cuenta que se decía eso para no sentirse tan miserable, ya que él sabía que a la larga te conviertes en lo que haces, pero no lo quería creer. Es como si a la larga no fueras más que una diferencia entre tus buenas acciones y tus malas. Entonces, ¿un weon de mierda puede esconderse detrás de un paquete de buenas acciones y malos sentimientos, para después confundirse con ellos? Parece que sí, habría que esperar a ver si el tiempo nos da la razón.

sábado, 2 de junio de 2012

1 de Junio, mes de mi cumpleaños!

Estoy juntando sueño para que no me pase lo de ayer, de verdad que hasta prefiero la parálisis del sueño a lo que sufrí ayer. Hoy estuve metido en un taco, fue el tópico del día: el taco y la lluvia. No entiendo por qué la gente siempre sale a la hora del taco, no entiendo por qué hay tanta gente y tan pocas calles. Tampoco entiendo por qué no ensayamos, por qué no nos quedamos a tocar y esperar que la gente se metiera en sus casas a ver la novela. La lluvia me gusta, me gusta mojarme, no me molesta para nada, excepto si después no puedo respirar como cuando me mojo mucho rato. Me cuesta ver cómo las personas pueden soportar cosas todos los días; como la gente puede vivir en lota y levantarse a las cuatro y media. Hay personas que de verdad no sé cómo lo hacen.
Hoy pagué el peaje con una crema para los tallarines y quinientos pesos, creo que fue lo mejor que me pasó en el día. La gente debería volver al trueque, insisto en eso, le da una especie de valor agregado a las cosas, aunque no siempre reciban lo que querían o lo que hubieran comprado con el dinero. Yo creo que siempre recibes más, como una especie de multiplicador sobre todo. Como el dinero está hecho para darle el valor exacto a todo, la única posibilidad de recibir más de lo que se entrega es por errores humanos o por mala fe, dejando el enorme vacío que deja una transacción con billetes arrugados. Con el trueque la gente recibe más de lo que valen las cosas porque es inexacto, porque es humano. Me gusta el trueque, me gustaría pensar que la señora del peaje pensará en mí cuando haga una salsa con la crema que le regalé/cambié/vendí.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está