sábado, 8 de septiembre de 2012

Doctor

El doctor me preguntó por mi mano y cuánto me dolía y luego me mostró un sticker que tenía en el vidrio de la mesa, con una escala de dolor que iba del uno al diez. El uno decía algo así como molestia, el tres decía dolor leve y así subían hasta el dolor insoportable o la peor tortura del mundo. Todos los números y descripciones iban acompañados de un monito que representaba el nivel de dolor; no podía ser más fácil de entender y aun así el doctor me lo explicó con detalle. Yo todo el tiempo quise interrumpirlo, ahorrarle palabras, decirle que no era necesario, que sólo bastaba con que me dijera cuánto me dolía y yo le diría el número, que no era ni siquiera necesario que me dijera cuál era la escala, porque la conocía a la perfección.

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