jueves, 20 de julio de 2023

El bromas

Hoy día entró un niño corriendo a la sucursal de Lan del mall. Le costó harto abrir la puerta, no medía más de medio metro y estaba solo. Llamó a su papá varias veces, escondido detrás de la puerta de vidrio y entreabriéndola para gritarle. Me gustaba verlo ahí, tan niño y tan ajeno a todo lo que lo rodeaba, pensaba que si lo secuestraran y lo metieran en la selva, este día y todos los demás los que había vivido, no serían más que recuerdo vago o un sueño recurrente. Me gustaba harto la idea de que aún no aprendía nada que no pudiera olvidar. Me gustaba que para él no existieran reglas más que las que vienen dadas por el instinto. Era un niño y todos aceptamos que él no sabe lo que hace, que no entiende o que no piensa y que se rige por leyes desconocidas para nosotros, o peor aún, que lo mueve la aleatoriedad. Es un loco cualquiera, pero un demente controlado y aceptado.
El niño se metió corriendo en la oficina y pasó derecho por delante de nosotros hasta una puerta que debió ser para el personal, pero él no lo sabía. A todos les cayó en gracia el niño. En la oficina se demoraron unos minutos en encontrarlo y otro par de minutos en olvidarlo y volver a sus labores. Lo entiendo, que un niño entre por una puerta restringida es tan normal como que una abuela se resbale con el hielo o que alguien se robe una plata, no es más que algo que nos sorprende un poco.
Me gusta que el niño no sepa lo que hizo

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