Si te pidiera que miraras al cielo, ¿qué verías? Podríamos coincidir en una misma mirada, en un mismo cielo, teñidos de azul como hace un rato o hundidos en el más profundo de los negros como ahora. Nos encontraríamos solos, flotando ahí donde se deciden todos los colores, inmersos en nuestros cabellos centelleantes y balbuceando estrellas fugaces. Veríamos las nubes desde lo más alto que conocemos, porque ya nada es lo que parece y las praderas se teñirán de blanco espumoso mientras se confunden con el mar y se convierten en montañas. Y me preguntarás: ¿cuántos mares existen? Querrás saber si los conocía desde antes, pero te diré que no lo sé, que nadie lo sabe; te diré también que ese mar que nos llama a recostarnos no es el mismo que yo conocía, o el que alguien alguna vez conoció, porque este, como todos los mares que existen, nunca volverá a ser el mismo. Sabrás donde encontrarme, en ese lugar que nadie ha visto antes, mirando el infinito bajo un árbol evaporado y perdido en el más hondo de los silencios. Si alguna vez me distraigo es porque estoy mirando el cielo, el mismo que reflejan nuestros ojos; el mismo cielo que me ayudará a buscarte algún día si es que te demoras entre mis recuerdos. Y si te pidiera que miraras al cielo, ahora, ¿qué verías?
No hay comentarios:
Publicar un comentario