martes, 14 de septiembre de 2010

pueblos.

escribo palabras al viento, con la libertad que su susurro las esconderá de cualquier amenaza. cuando alguien más llegue a entender que me conoce, no sabré como defenderme, desaparecerá mi anónima libertad y con ello cualquier sentido de sinceridad en mis palabras.


Dios 2

Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con Dios y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras de Dios.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces a Dios: "Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".

Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

Dios 2.

Me acuerdo de ti, desesperado, cuando mi propia conciencia no es suficiente para escucharme.

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Me impresiona lo importante que me hace sentir tener un secreto, algo especial con alguien que nadie más podrá entender. Me gusta tener amigos, que transforman, lo evidente para nosotros, en códigos ilegibles, como teoremas matemáticos...

Volamos?

Rompimos el suelo, volando desde el submundo del cielo, sobre un nuevo horizonte. Allí donde el sol te ciega; se quiebran las nubes que forman este mar blanco, infinito, que renace en forma de copos de nieve suave. Surgen de una nueva creación, océanos y montañas, extensas praderas, altiplánicas, por donde mi imaginación corre; escapa del avión y de todo lo que éste significa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Relámpagos

No me puedo ocultar de esta cautivante oscuridad que me ofrece la terraza. Desde allí podía ver casi toda la ciudad. Las luces de la bahía se empañaban al escuchar el suave arrullo de las olas; el faro, incesante, guía el rumbo de mi noche, al compás de los truenos. Sentado a oscuras, ahí, en el vacío, esperando el próximo relámpago, tratando de adivinar de qué color pintará el cielo, bajo la tenue oscuridad de una ciudad dormida sobre sus propios sueños.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está