Es estúpido, pero de alguna forma sabía que no tocaríamos el viernes. ¿Puede que una superstición sea capaz de transcender a la muerte incluso?
jueves, 21 de julio de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
sábado, 2 de julio de 2011
Es el primer día del mes, porque ayer yo creo que no contaba. Y como primer día no vale la pena escribir nada, porque desmerecería lo que puede pasar en los próximos días, además los ánimos no están como para pronósticos. En realidad no, y estoy exculpando completamente al sueño, que es lo que no me deja dormir.
martes, 28 de junio de 2011
Escalada.
Estoy chato de la escalada y de toda la gente. Esa weá se llama deporte desde que empezó a ser caro. ¡Qué weá más estúpida! Venden las cuerdas como si fueran de oro y el nombre del deporte junto a la moda esa de todos los loquitos que salieron ahora. ¡Qué lata la weá! Ojalá no me hablen más de esa porquería. Como si ir a subir el cerro no fuera la misma weá. Aunque definitivamente no es lo mismo porque para eso no necesitas nada más que tus pies, en cambio pa' la otra weá hasta la polera culiá tiene que ser especial. Lo peor de todo esto es que va de la mano de toda esa ideología de la huella de carbono y de la de comernos toda nuestra basura, cuando no somos capaces siquiera de recoger la de los demás, porque mientras no seamos los que ensucien está bien todo. Estas ideas, que son construidas sobre la base de un deporte o de una moda, están destinadas a desaparecer de la misma forma como llegaron: por moda. Y para terminar de dejarme chato, terminan de explayarse acerca del deporte diciendo -motívate po weón-, como si tuviera que estar en el sindicato de los escaladores pa' subir por las rocas. Esto está casi al nivel de los scouts. Ojalá nadie más me hable de esa porquería de nuevo...
martes, 21 de junio de 2011
Calcetines
Me gustan mis calcetines nuevos, son tan suaves y blancos como siempre los soñé. Me gusta no tener que ponerme de nuevo esos calcetines de mierda de acrílico que compra mi mamá en la calle, esos que te acaloran los pies. Son una especie de imitación de alguna marca conocida, siempre en tonos grises y blancos percudidos y con el logo en cuestión de un color bien raro, algo así como un rojo-morado poco común (no soy muy bueno con los colores). Me dan ganas de ir afuera y ver si de verdad son tan sintéticos como me hacen sentir prendiéndoles fuego, pero me da pena pensar que alguien los hizo con sus manos para mí, para que yo los usara. Y de nuevo está allí, ese sentimiento que reconozco tan bien entre la multitud, ese que me recuerda por qué esos calcetines existen y me los muestra rotos en un par de zapatos viejos camino al trabajo, tal vez con tierra, tal vez mojados, pero sí o sí con frío. Tal vez algún día los queme.
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