Mis compañeros se metieron a la fuente alemana de maipú, la que queda justo al frente del mercado. Yo no quería comer ni gastar plata, así que salí. Me metí al viejo edificio a ver si encontraba algún regalo para mi mamá. Cada vez que voy al mercado me gusta más, yo creo que desde el día que fui al mercado de Temuco que lo veo diferente. Es como si le pusiera una transparencia encima como las del colegio o de los libros, una transparencia de ese día, de ese sol y de esa compañía. Por eso me gusta más el mercado ahora.
Me metí por las callesitas, sabía exactamente donde iba, así que fui directo a la señora que vende semillas y demases para ver si tenía algo entretenido. No tenía muchas cosas, la verdad es que nunca tiene nada, pero no sabría qué más hacer si no fuera por ella. Le compré tres maseteros, dos chiquitos y uno grande que me puse en la cabeza para protegerme del sol cuando salí. No quise deambular por los recovecos ni sentarme en la fuente que está al centro de todo, sólo quería irme de ahí, sólo quería estar en otra época y en otros mercados.