Encontré sangre en la nevera, producto de una lucha sangrienta a tiros de escopeta. Las balas iban y venían mientras yo trataba de dormir, hasta que me molestó el sonido que estremecía una cara suave y familiar. Goteaba roja la sangre y se escabullía entre cada fisura del cristal; dulce como el néctar de las frambuesas que se pudrían en nuestros recuerdos. Ese día terminó de sangrar un alma que moría hace días, herida por un egoísmo acérrimo. La sangre que manchaba mis manos era hermosa, y aunque nació de un alma que pudría las frutas, seguía siendo roja.
martes, 28 de diciembre de 2010
domingo, 26 de diciembre de 2010
lunes, 20 de diciembre de 2010
Dios
Parece que ya somos amigos, porque te he nombrado más veces que a cualquiera que conozco. Nos encontramos, casualmente, camino al parque; llevabas prisa porque el viento te moviese con más fuerza. Me contaste a quienes habías visto hoy y yo sólo atinaba a asentir con la cabeza, aunque en lo más profundo sonreía por ti. Sabía, en ese momento. que no eras sólo mío... porque así te vi siempre, preocupado de los desamparados, de los enfermos de este mundo. Hasta que entendí la verdad. La verdad eres tú, la verdad es que te quiero y no debo compartirte. La verdad es que eres mío. Pero todos te quieren... sí, es verdad, pero no es a ti precisamente a quien todos quieren ni en quien todos creen, porque hoy aprendí, que sólo yo creo en ti. Mas existe otra verdad y mientras esta sea honesta, por ambigua que sea, esta debe ser cierta. Entonces ¿tú eres mi única verdad y yo la tuya? Al parecer sí, y estamos solos en esto. Pero nos acompañan mares y siglos de verdades paralelas, algunas más sinceras que otras... Extrañamente eso no me consuela, mas me estremece.
Ayer conocí, una verdad absoluta y me enamoré de ella. Ésta me ayudó a entender esa permanente contradicción con respecto a ti, aunque ahora todo sea más complejo. Sólo sé que no existe esa verdad que he estado buscando, porque ésta no se puede medir y solamente la puedes encontrar en los ojos de alguien al hablar. Entonces tú y ellos, la verdad, no son diferentes como la tradición se ha esforzado por aclarar. Aun cuando no entienda cómo funcionas, hoy me siento a tu lado sólo por haberte encontrado ayer distinto. Tal vez es porque me di cuenta que alguien de verdad quiere que yo esté bien y eso me acompaña.
jueves, 16 de diciembre de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
Después de una patada en las rodillas acabé por entender, casi maquinalmente, lo que ha sido mi libertad. Se escapa a los sueños, al hambre o al techo y no entiende de sistemas. Se trata de cosas puras y de sentimientos verdaderos. No entiende de razones o de algoritmos, porque la única verdad que comprende es la de observar. Aunque parezca un tanto egoísta, me tienes que creer que no lo es, porque una vez que ya lo has entendido, no necesitarás de nada ni de nadie, y estas palabras perversas serán sólo para recordar a aquellos encarcelados.
Cuando esa maldita deuda se haya saldado, entonces por fin podré escapar y volar por el mar. Porque las cadenas así funcionan, atrapándote con deudas y promesas, para hacerte sentir parte de algo maquiavélico que te necesita para funcionar; algo tan grande que su propio ego lo ha corrompido hasta las cenizas. Me aburrí de que me echen cosas en cara y no quiero tener que dar otra explicación de nuevo, porque hasta mi muerte tendría que explicar para darle una razón de ser, si ésta a los ojos del mundo fuese en vano. Hoy no soy libre porque le pertenezco a alguien y entonces me pregunto si la libertad irá de la mano de la felicidad, como alguna vez lo pensé. Tal vez cuando todo lo que me rodea sea sincero, cuando todos seamos libres.
Todos tienen maneras de amarrar lo que necesitan a ellos: el sistema te hace creer que necesitas cosas y así llegas a deberle cosas; la religión te hace sentir culpable de algo que jamás llegarás a entender y mucho menos a pagar; a tus papás por supuesto les debes todo; la política es tan sólo una ilusión de un mundo mejor, que te atrapa tratando de cambiar eso que de corazón crees que no es correcto... pero si algún día cambiara ya no tendría como mantenerte a su lado. Estupideces y más blasfemias e incongruencias, y aún le debo yo mucho a este blog. Entonces, después de todo y aunque entienda hasta la más ridícula forma de libertad, aún no puedo ser libre, me debo demasiado a mí y a mis promesas. De un modo irónico ir a la cárcel es una extraña forma de libertad, donde ya no te debes nada a ti ni al hambre, al techo o al ego; donde ya no le debes nada a Dios; donde ya no puedes tener sueños. Idílicamente el cumplir tus sueños, sería la más hermosa forma de libertad, casi equiparable con una enfermedad terminal o aun con la muerte, porque regalar la vida es algo que sólo se puede devolver de la misma manera. Tal vez algún día valga la pena regalársela alguien más, a alguien que entienda el significado de lo que es un regalo.
Aquel día, cuando ya no tenga que comer y cuando ya no exista el frío, por fin seré libre. El día en el que el hoy oscurezca completamente el mañana y más aún el porvenir; cuando la vida se viva y no sólo se sueñe, el anhelado día en que por fin ya no le deba nada a nadie.
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