viernes, 26 de abril de 2013

Teléfonos

Son esos tonos extraños cuando llamas a alguien y no te contesta. Sabes que deberían ser todos igual de largos o de cortos, pero no lo son, siempre hay unos que son mucho más largos. Justo ese tono cuando crees que te contestaron es el que se alarga infinitamente, cuando te quedas esperando esa vocesita pequeña que por fin le traería paz al día. Es como si el tiempo se detuviera sólo para escucharla a ella saludarte.

lunes, 1 de abril de 2013

nunca nunca

Siempre he sido reservado para contar mis cosas, mucho más que con mis ideas, por lo que desde que tengo conciencia de eso he evitado juegos como el "nunca nunca". Hasta que la otra noche me tocó. Yo ni siquiera estaba tomando, así que me lavé un vaso y lo llené de agua a esperar que algo pasara. Es difícil saber realmente cómo empieza o termina, la gente simplemente casi que grita yo nunca nunca no sé qué wea. Pero esto no es la parte relevante porque eso todos lo sabemos, lo que yo me pregunté toda la noche es por qué la gente quiere confesar ese tipo de cosas y más jugando con posibles desconocidos un juego de mierda. ¿Qué hace ese juego para que la gente diga la verdad? Yo lo pregunté varias veces y algunos me dijeron que por honor y otras razones más que tampoco me dejaron tranquilo. Tratando de explicarme los porqués de todas mis preguntas llegué a ver varias cosas. La primera fue que la gente realmente no se confiesa ni dice la verdad, sólo toma de un vaso de agua. La segunda cosa que noté que es que la gente al declarar si hace o no algo no es sometida a un interrogatorio después, sólo se pasa a la siguiente pregunta y fin del asunto, aunque demás que todos memorizaron los vasos que se levantaron con cada pregunta.
No tengo experiencia con ese juego como para decir más cosas, así que me voy.

domingo, 28 de octubre de 2012

Día de elecciones

Tengo pena hoy, es tanta la pena que casi me pongo a llorar con un comercial de la tele. Es una pena conocida, desencadenada (o predicha) por el mensaje que me llegó al celular del Servel. Debe ser porque dormí muy poco, me acosté tarde, dormí doblado y que hoy no quise ir a votar. No es un buen día para que se junten todas esas cosas con tener que estudiar además y no saber por dónde empezar.
Mi hermana habló en la mesa y dijo que si no íbamos a votar (increpando a mi hermano y a mí), después no teníamos derecho a reclamar. Aun así ninguno de los dos fue a votar, siempre lo supimos, aunque el Servel, los actores y miles de personas más nos llamaran a hacer lo contrario. ¿Saben lo que me da pena entonces? Saber que hay una papeleta con mi nombre, que alguien la imprimió y que sigue ahí, vacía. Me da pena pensar que existe algún concejal que está con su familia esperando los resultados, que los espera porque es su sueño, porque de verdad cree en el sistema. Me da pena no creer. Me da pena que ese concejal no saque ni un puto voto porque nadie lo vio en ningún cartel. Me dan pena todas esas personas que verán tristes hoy cómo la abstención es la tónica de la jornada. Me da pena no creer 
Me molesta este tema del voto voluntario y que nadie me haya preguntado si quería ser votante voluntario, porque no quiero. Detesto estar en esta encrucijada entre votar para no sentir esta sensación asqueante y no votar. No me gusta tener que decidir de nuevo algo que ya había decidido hace varios años atrás y sólo para quedarme con esto, con esta pena que no se va con nada del mundo. Ya lo dije, es una pena conocida y recurrente y que se puede evitar, pero que ahora llegará ineludible todos los días de votación y que sólo se irá votando.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Masetas

Mis compañeros se metieron a la fuente alemana de maipú, la que queda justo al frente del mercado. Yo no quería comer ni gastar plata, así que salí. Me metí al viejo edificio a ver si encontraba algún regalo para mi mamá. Cada vez que voy al mercado me gusta más, yo creo que desde el día que fui al mercado de Temuco que lo veo diferente. Es como si le pusiera una transparencia encima como las del colegio o de los libros, una transparencia de ese día, de ese sol y de esa compañía. Por eso me gusta más el mercado ahora.
Me metí por las callesitas, sabía exactamente donde iba, así que fui directo a la señora que vende semillas y demases para ver si tenía algo entretenido. No tenía muchas cosas, la verdad es que nunca tiene nada, pero no sabría qué más hacer si no fuera por ella. Le compré tres maseteros, dos chiquitos y uno grande que me puse en la cabeza para protegerme del sol cuando salí. No quise deambular por los recovecos ni sentarme en la fuente que está al centro de todo, sólo quería irme de ahí, sólo quería estar en otra época y en otros mercados.

Trasplantar

Hoy trasplanté un tomate, el más grande que tenía. Me costó un montón sacarlo de la botella, vine a darme cuenta bien tarde que no es tan buena idea usar botellas de maseteros, especialmente esas de jugo que son bien duras. Empecé a cortar el plástico con una sierra que encontré. Cuando me fallaba el pulso le cortaba las raíces a mi tomate, incluso le corté una que lo hizo caer, me dio pena, todavía me da. Le puse uno de los palitos chinos que tengo para sujetar las plantas mientras yo seguía con la operación. Decidí hacerlo con una tijera de podar que encontré en un set rebonito de mi mamá y empecé de a poco a romper la botella para sacar la tierra y las raíces por completo. Con las demás herramientas de la cajita verde tomé la planta y la tierra y la puse en el masetero que compré en el mercado. Espero que no tenga que trasplantarla de nuevo, por el bien de mi planta. Cubrí lo más que pude con tierra, la regué para que se afirmara un poquito y la dejé encima del escritorio para que tomé el sol de la mañana. Dicen que siempre es bueno regar después de un trasplante. Quiero que crezca, es una de las poquitas cosas que me va quedando.

viernes, 12 de octubre de 2012

Hombre Paloma 1

¿Conocen al hombre paloma? No es el mismo que salía en Arnold, de hecho, son seres antagónicos con el que les voy contar, y aunque nacen de un mismo animal, uno vuela y el otro vive para comer, son una suerte de dualidad de la paloma. Me gustaría escribir del bueno, del que vuela hacia el sol, pero sinceramente, creo que estoy más familiarizado con su némesis.
¿Por qué lo conozco? Todos lo conocemos, vive en todos nosotros, en nuestras casas y se come nuestra comida. Siempre pienso que se aloja en la ex-pieza de mi hermana, de allegado en las vigas del techo, que deambula buscando algo en que ocuparse porque ya no puede seguir durmiendo, caminando sin sentido como una paloma en el concreto, defendiendo un pedazo de tierra que no le pertenece, que en un par de minutos olvidará sus límites, pero que defendería hasta perder un ala o algún otro dedo del pie, porque así son las palomas, olvidan fácilmente. Podrías pensar que es como cualquier otro animal, que es como cualquier perro, pero no, el hombre paloma es diferente. Si miramos un perro, puede estar acostado todo un día si no tiene por qué levantarse, en cambio nunca veremos un paloma acostada, ¿saben por qué? Porque son demasiado estúpidas para entender que no haría ninguna diferencia si se levantan o no, si dan una vuelta más, si bajan o no esa escalera a saltitos, si defienden o no ese pedazo de tierra que acaban de reclamar, sólo lo hacen porque no tienen nada más que hacer, porque jamás han hecho algo que realmente valga la pena. De aquí es de donde nace nuestro hombre paloma, el que vive con las alas rotas, el que vuela sólo para esperar la muerte, rogando todos los días que llegue rápido para que termine por fin con su sinsentido, pero que le teme más que a todo en el mundo. Ese es nuestro hombre paloma.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está