Tomé el camino largo, parecía distinta la micro ese día, debe haber sido la lluvia o las razones de mi partida. Parecía algo vacía y se veían todos molestos y empapados, a nosotros, al parecer, no nos molestaba en lo más mínimo la lluvia, la que contribuía a que nos sintiéramos impenetrables y hablar con soltura, cuando todos callan, me da nuevos motivos de invencibilidad. Sentir entonces la superioridad ilusa que me da reír cuando el resto no, me da las estúpidas atribuciones de poder burlarme de su forma de verme reír, de sus formas de ver llover. Mas ese día así el agua que caía no podía dañarme, nadie podía hacerlo.
Una vez andando, la noche se apoderó de mis deleites, disfrutando hasta un punto risible mis dejos de superioridad, todo esto alimentado por lo que giraba y giraba. Una tosca neblina, con aires de lluvia, empañaba las tenues luces que no ayudaban en lo absoluto a traerme a la realidad y cada paso más cerca de la oscuridad iba marcando el compás de esa canción que iba componiendo mi cabeza con el ruido de los autos y el viento. Parecía tenerme sin cuidados cada instrumento de mi composición, limitándome simplemente a decirlos superfluos, vanamente fundamentales en el contexto de mi supremacía, sabiéndome único en esa noche húmeda.
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