martes, 28 de diciembre de 2010

frambuesas

Encontré sangre en la nevera, producto de una lucha sangrienta a tiros de escopeta. Las balas iban y venían mientras yo trataba de dormir, hasta que me molestó el sonido que estremecía una cara suave y familiar. Goteaba roja la sangre y se escabullía entre cada fisura del cristal; dulce como el néctar de las frambuesas que se pudrían en nuestros recuerdos. Ese día terminó de sangrar un alma que moría hace días, herida por un egoísmo acérrimo. La sangre que manchaba mis manos era hermosa, y aunque nació de un alma que pudría las frutas, seguía siendo roja.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Dios

Parece que ya somos amigos, porque te he nombrado más veces que a cualquiera que conozco. Nos encontramos, casualmente, camino al parque; llevabas prisa porque el viento te moviese con más fuerza. Me contaste a quienes habías visto hoy y yo sólo atinaba a asentir con la cabeza, aunque en lo más profundo sonreía por ti. Sabía, en ese momento. que no eras sólo mío... porque así te vi siempre, preocupado de los desamparados, de los enfermos de este mundo. Hasta que entendí la verdad. La verdad eres tú, la verdad es que te quiero y no debo compartirte. La verdad es que eres mío. Pero todos te quieren... sí, es verdad, pero no es a ti precisamente a quien todos quieren ni en quien todos creen, porque hoy aprendí, que sólo yo creo en ti. Mas existe otra verdad y mientras esta sea honesta, por ambigua que sea, esta debe ser cierta. Entonces ¿tú eres mi única verdad y yo la tuya? Al parecer sí, y estamos solos en esto. Pero nos acompañan mares y siglos de verdades paralelas, algunas más sinceras que otras... Extrañamente eso no me consuela, mas me estremece.
Ayer conocí, una verdad absoluta y me enamoré de ella. Ésta me ayudó a entender esa permanente contradicción con respecto a ti, aunque ahora todo sea más complejo. Sólo sé que no existe esa verdad que he estado buscando, porque ésta no se puede medir y solamente la puedes encontrar en los ojos de alguien al hablar. Entonces tú y ellos, la verdad, no son diferentes como la tradición se ha esforzado por aclarar. Aun cuando no entienda cómo funcionas, hoy me siento a tu lado sólo por haberte encontrado ayer distinto. Tal vez es porque me di cuenta que alguien de verdad quiere que yo esté bien y eso me acompaña.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ya había olvidado lo que era correr, así como cuando se te van a salir las piernas. Entonces ya no hay dichas, como la de correr sólo porque sí, porque irónicamente sólo corría en un sueño.

cuba

Estoy confundido, ya no sé qué creer ni dónde ir, me quiero encerrar a que el tiempo pase...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Después de una patada en las rodillas acabé por entender, casi maquinalmente, lo que ha sido mi libertad. Se escapa a los sueños, al hambre o al techo y no entiende de sistemas. Se trata de cosas puras y de sentimientos verdaderos. No entiende de razones o de algoritmos, porque la única verdad que comprende es la de observar. Aunque parezca un tanto egoísta, me tienes que creer que no lo es, porque una vez que ya lo has entendido, no necesitarás de nada ni de nadie, y estas palabras perversas serán sólo para recordar a aquellos encarcelados.
Cuando esa maldita deuda se haya saldado, entonces por fin podré escapar y volar por el mar. Porque las cadenas así funcionan, atrapándote con deudas y promesas, para hacerte sentir parte de algo maquiavélico que te necesita para funcionar; algo tan grande que su propio ego lo ha corrompido hasta las cenizas. Me aburrí de que me echen cosas en cara y no quiero tener que dar otra explicación de nuevo, porque hasta mi muerte tendría que explicar para darle una razón de ser, si ésta a los ojos del mundo fuese en vano. Hoy no soy libre porque le pertenezco a alguien y entonces me pregunto si la libertad irá de la mano de la felicidad, como alguna vez lo pensé. Tal vez cuando todo lo que me rodea sea sincero, cuando todos seamos libres.
Todos tienen maneras de amarrar lo que necesitan a ellos: el sistema te hace creer que necesitas cosas y así llegas a deberle cosas; la religión te hace sentir culpable de algo que jamás llegarás a entender y mucho menos a pagar; a tus papás por supuesto les debes todo; la política es tan sólo una ilusión de un mundo mejor, que te atrapa tratando de cambiar eso que de corazón crees que no es correcto... pero si algún día cambiara ya no tendría como mantenerte a su lado. Estupideces y más blasfemias e incongruencias, y aún le debo yo mucho a este blog. Entonces, después de todo y aunque entienda hasta la más ridícula forma de libertad, aún no puedo ser libre, me debo demasiado a mí y a mis promesas. De un modo irónico ir a la cárcel es una extraña forma de libertad, donde ya no te debes nada a ti ni al hambre, al techo o al ego; donde ya no le debes nada a Dios; donde ya no puedes tener sueños. Idílicamente el cumplir tus sueños, sería la más hermosa forma de libertad, casi equiparable con una enfermedad terminal o aun con la muerte, porque regalar la vida es algo que sólo se puede devolver de la misma manera. Tal vez algún día valga la pena regalársela alguien más, a alguien que entienda el significado de lo que es un regalo.
Aquel día, cuando ya no tenga que comer y cuando ya no exista el frío, por fin seré libre. El día en el que el hoy oscurezca completamente el mañana y más aún el porvenir; cuando la vida se viva y no sólo se sueñe, el anhelado día en que por fin ya no le deba nada a nadie.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Me sorprende ver hasta donde llega mi ego, burlándose de todo aquello que intenta moverse.

welcome

Vamos quemando la historia de nuestros errores, ¿es acaso ese el verdadero motivo? Quememos los diarios y los libros para elevar la temperatura del lugar y así terminar con años y años de mentiras. Máquinas de maldad, sí, máquinas, sublevadas a una ironía recíproca y latente que controla sus vidas. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Es que nadie entiende cómo se ha encendido el cielo? Una ráfaga se ha llevado, de una vez, todo lo que fuimos y mañana lo hará de nuevo... así funciona esta máquina infalible... Truenos y tormentas, explotan en los medios y acallan a los verdaderos traidores; caen relámpagos sobre aquellos que en realidad luchaban intentando contar una historia... esta máquina no tiene adversarios, es simplemente perfecta... ni con piedras ni palos es posible conmoverla. Lloramos y cantamos, pero nuestras lágrimas se derraman en un vacío seco e hirviendo, al igual que todo lo demás que valía la pena. Las máquinas no sienten ni sangran y se regocijan al vernos haciéndolo, porque esto les da emociones a sus noticias; que pasarán en banda como todo lo que solía valer la pena. Maldita máquina de maldad, sé que algún día entenderás, piedra por piedra, hasta que recuperes tus recuerdos, y entonces podremos por fin, sacarnos las armaduras para sentir el viento.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

53

Interrúmpame más a menudo. Cuando hablo con usted quiero decirlo todo, todo, todo. Pierdo todo sentido de lo que son los buenos modales; hasta convengo en que no sólo no tengo buenos modales, sino ni dignidad siquiera. Se lo explicaré. No me preocupo en lo más mínimo de las cualidades morales. Ahora en mí todo está como detenido. Usted misma sabe por qué. No tengo en la cabeza un solo pensamiento humano. Hace ya mucho que no sé lo que sucede en el mundo, ni en Rusia ni aquí., He pasado por Dresde y ni recuerdo cómo es Dresde. Usted misma sabe lo que me ha sorbido el seso. Como no abrigo ninguna esperanza y soy un cero a los ojos de usted, hablo sin rodeos. Dondequiera que estoy sólo veo a usted, y lo demás me importa un comino. No sé por qué ni cómo la quiero. ¿Sabe? Quizá no tiene usted nada de guapa. Figúrese que ni tengo idea de si es usted hermosa de cara. Su corazón, huelga decirlo, no tiene nada de hermoso y acaso sea usted innoble de espíritu.

-¿Es por eso por lo que quiere usted comprarme con dinero? -preguntó-. ¿Porque no cree en mi nobleza de espíritu?

-¿Cuándo he pensado en comprarla con dinero? -grité.

-Se le ha ido la lengua y ha perdido el hilo. Si no comprarme a mí misma, sí piensa comprar mi respeto con dinero.

-¡Que no, de ningún modo! Ya le he dicho que me cuesta trabajo explicarme. Usted me abruma. No se enfade con mi cháchara. Usted comprende por qué no Vale la pena enojarse conmigo: estoy sencillamente loco. Pero, por otra parte, me da lo mismo que se enfade usted. Allá arriba, en mi cuchitril, me basta sólo recordar e imaginar el rumor del vestido de usted y ya estoy para morderme las manos. ¿Y por qué se enfada conmigo? ¿Porque me llamo su esclavo? ¡Aprovéchese, aprovéchese de mi esclavitud, aprovéchese de ella! ¿Sabe que la mataré algún día? Y no la mataré por haber dejado de quererla, ni por celos; la mataré sencillamente porque siento ganas de comérmela. Usted se ríe...

-No me río, no, señor -dijo indignada-. Le mando que se calle.

Se detuvo, con el aliento entrecortado por la ira. ¡Por Dios vivo que no sé si era hermosa! Lo que si sé es que me gustaba mirarla cuando se encaraba conmigo así, por lo que a menudo me agradaba provocar su enojo. Quizá ella misma lo notaba y se enfadaba de propósito. Se lo dije.

- ¡Qué porquería! -exclamó con repugnancia.

-Me es igual -proseguí-. Sepa que hay peligro en que nos paseemos juntos; más de una vez he sentido el deseo irresistible de golpearla, de desfigurarla, de estrangularla. ¿Y cree usted que las cosas no llegarán a ese extremo? Usted me lleva hasta el arrebato. ¿Cree que temo el escándalo? ¿El enojo de usted? ¿Y a mí qué me importa su enojo? Yo la quiero sin esperanza y sé que después de esto la querré mil veces más. Si algún día la mato tendré que matarme yo también (ahora bien, retrasaré el matarme lo más posible para sentir el dolor intolerable de no tenerla). ¿Sabe usted una cosa increíble? Que con cada día que pasa la quiero a usted más, lo que es casi imposible. Y después de esto, ¿cómo puedo dejar de ser fatalista? Recuerde que anteayer, provocado por usted, le dije en el Schlangenberg que con sólo pronunciar usted una palabra me arrojaría al abismo. Si la hubiera pronunciado me habría lanzado. ¿No cree usted que lo hubiera hecho?

-¡Qué verborrea tan estúpida! -exclamó.

-Me da igual que sea estúpida o juiciosa -respondí-. Lo que sé es que en presencia de usted necesito hablar, hablar, hablar... y hablo. Ante usted pierdo por completo el amor propio y todo me da lo mismo.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Por más que busco y busco en mi cabeza, no logro recordar donde he dejado mi opinión. Debe estar muy escondida o tal vez se ha vuelto algo tan evidente que la doy por sentado, y en su lugar la reemplazo por nuevas formas que desconozco. Trato de encontrar entre el revoltijo de identidades, alguna idea innovadora que me libere, por fin, de esta fracasada dualidad que intenta entender eso que me haría diferente. Se libra una batalla por encontrar la verdad, pero no soy tan fuerte como para llevar eso que no pienso hasta las últimas consecuencias o, ¿es acaso que definitivamente no tengo una opinión? Tampoco soy bastante inteligente para llevar algún punto del plano imaginario al plano real y eso hace posible la lucha de estas dos caras que, inútilmente, buscan imponerse. Sé que no tiene importancia, pero una cosa es sentir y la otra es pensar, y de alguna u otra manera una cosa debería llevarme a la otra, pero ¿y si no lo hace? Entonces aborto cada idea al nacer de mi boca, chocando con esa verdad establecida como absoluta dentro de todo lo que soy. De este modo nunca encontraré mi opinión.
¿Tiene algún sentido creer en cosas que jamás habías pensado, para así darte cuenta que nunca las habías creído? Si es que no tiene ningún sentido creer en algo que no existe, entonces ¿me he estado mintiendo todo este tiempo? Me convierto en alguien que en el fondo no sabe nada y lo peor es que siempre lo supe...

 Lo que hubiera sido que se quede donde está