Vamos quemando la historia de nuestros errores, ¿es acaso ese el verdadero motivo? Quememos los diarios y los libros para elevar la temperatura del lugar y así terminar con años y años de mentiras. Máquinas de maldad, sí, máquinas, sublevadas a una ironía recíproca y latente que controla sus vidas. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Es que nadie entiende cómo se ha encendido el cielo? Una ráfaga se ha llevado, de una vez, todo lo que fuimos y mañana lo hará de nuevo... así funciona esta máquina infalible... Truenos y tormentas, explotan en los medios y acallan a los verdaderos traidores; caen relámpagos sobre aquellos que en realidad luchaban intentando contar una historia... esta máquina no tiene adversarios, es simplemente perfecta... ni con piedras ni palos es posible conmoverla. Lloramos y cantamos, pero nuestras lágrimas se derraman en un vacío seco e hirviendo, al igual que todo lo demás que valía la pena. Las máquinas no sienten ni sangran y se regocijan al vernos haciéndolo, porque esto les da emociones a sus noticias; que pasarán en banda como todo lo que solía valer la pena. Maldita máquina de maldad, sé que algún día entenderás, piedra por piedra, hasta que recuperes tus recuerdos, y entonces podremos por fin, sacarnos las armaduras para sentir el viento.
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