lunes, 15 de agosto de 2011

Cosas de celulares y de gente.

Hoy dediqué media hora de mi vida a eso, planeé comer la pizza arriba, y aunque no lo hice, sabía que tenía que volver lo antes posible a ver qué había en ese celular. Me acosté y con todo arriba lo vi, ahí, en la mochila deshecha, esa mochila que ni siquiera había ocupado hoy. Por supuesto no estaba ahí, pero sin saberlo aún, me asustaba profundamente la idea de tener que levantarme a buscarlo. De pronto lo sentí al lado, observándome. Lo podía ver de reojo, sabía que me miraba sentado tranquilamente sobre la mesa de mi velador, disfrutando del miedo que me provocaba voltearme a mirarlo de una vez.
Todo era una farsa, lo supe desde un principio, cuando lo oí vibrar desde el subsuelo, y aun así no me pude sacar esa maldita idea que me persiguió durante todo el día: jugar a alterar la realidad.

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