martes, 4 de junio de 2013

Reemplazos

Los profes reemplazantes a veces no son muy queridos y en ese caso no vendrían a reemplazar a nadie, más bien sólo llenarían el espacio o algo parecido.
Hay otros profes, muchas veces jóvenes y llenos de vida, que vienen con sus ganas y que no sólo reemplazan, sino que se hacen querer y en el mejor de los casos, extrañar cuando llega el profe titular. Ellos cuidan de los alumnos como si fueran suyos, como si tuviera él mismo que responder por su desempeño al final del año. Ese profe en el que estoy pensando no puede dormir algunos días de sólo pensar que alguno de sus niños tiene algún problema y se dejaría matar en la calle por cualquier loco para defender a alguna de sus alumnas.
Ese profe es bueno y quería sinceramente el trabajo que tenía que hacer, pero ¿saben qué? Siempre supo que no era más que un reemplazante, que lo correrían apenas llegara al maldito titular de su luna de miel repulsiva. Sabía perfectamente que lo dejarían haciendo un par de horas en algún ramo cero aporte, a un curso tal vez de la básica y que de pronto ya no lo llamarían más a las reuniones de pauta. Sabía que llegaría un día con todos sus apuntes a hacer su trabajo, por poco importante que fuera, y que ya no tendría su lugar en el estacionamiento; que se encontraría con un par de profes nuevos estacionados en su lugar, ocupando su casillero. Sabía que en ese momento ya no insistiría más.

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