martes, 24 de septiembre de 2013

Algunos libros

Es como si las palabras no significaran lo que significan, como si tuvieran un peso por la forma en que están escritas o por cómo se pronuncian. Siempre he pensado eso y que definitivamente es una cualidad que debe perderse cuando un libro en otro idioma lo traducen al español. A veces me equivoco en los significados de las palabras sólo por como suenan. Sé que en el fondo quieren decir otra cosa, sé que en algún punto de la creación de las palabras, algún empleado mal pagado archivó algo donde no debía, provocando estas confusiones. Pero no todas las palabras están confundidas, algunas sólo tienen significados más grandes que ellas mismas.
Particularmente, ahora me afecta porque me cuesta seguir leyendo el libro que empecé. No lo entiendo mucho y la verdad es que no llevo casi nada, pero con cada palabra que leo -la entienda o no-, me inundan esas visiones de radio-relojes donde suena música clásica, de peleas en una auto o en una calle por la noche. No puedo dejar de ver a mi hermana paseando por París, demasiado lejos de mí, demasiado linda y mayor como para gastar tiempo conmigo.
En el prólogo del libro dicen que es un libro que tiene miles de lecturas y creo que tiene toda la razón. No es un tema de interpretación, es más que eso, es como si las palabras calaran hondo en la piel, como si se levantaran del texto formando un puzzle sonoro que se arma siempre de maneras distintas. De hecho, no se necesita interpretación, ni siquiera pensar en posibles significados; ni siquiera se necesita entender de lo que se está hablando, sólo fluyen en sensaciones extrañas, que a veces dan hambre y que tal vez más rato sólo me den pena. 

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