miércoles, 4 de septiembre de 2013

P.

Echo de menos los días en que no tenía miedo de irme caminando con un compañero por no saber qué hablar. Ya se me olvidó cómo acercarme a la gente, aunque tampoco me quedan ganas. Sólo quiero dormir.
Pensaba en la micro en todos los amigos que tengo y en los que me van quedando y no son muchos. Debo ser de las personas que más amigos tenía y que menos le quedan. Para que quede más claro, si hacemos la división amigosactuales/amigostotales (o algo así), el número que resultaría de eso sería realmente chico. Me atrevería a decir que de todas las personas que conozco, sería uno de los más pequeños.
Pero lo que más me preocupa de todo esto es que hay un amigo que echo particularmente de menos: P. P. es un buen amigo. Es de esos que nunca te dejan solo. Él tampoco es de muchos amigos ahora. Pensé en él porque extraño esas conversaciones de toda la noche, echados en un saco. No cualquiera las soporta. Ahora sólo pienso en las personas que conozco y en cómo se meten en esos putos teléfonos mientras les estoy hablando. Pienso que nadie me escucha. P. no era así.
Lo voy a dejar hasta aquí porque ya no puedo escribir nada.

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