Quiero subirme a unas micros nuevas, esas que tienen espejos prominentes y amenazadores como si fueran cuernos, con grandes ventanales, como si los hubieran hecho para que la gente mirara por ellos. Me imagino viajando en éstas como por el espacio, moviéndose suaves y casi sin hacer ruido, como si no estuvieran dominadas por la física ni por la gravedad. Tienen muy pocos asientos y mucho espacio para estar de pie y adentro todo está a distintas alturas como si eso las hiciera modernas o más amables. Aunque me dejen lejos, sé que algún día me subiré a una de ellas para ver si realmente la gente que viaja arriba es más feliz. Pueden ver las murallas y lo que dicen, sin tener que correr esas cortinas de mierda o limpiar la respiración acumulada en los vidrios para intentar ver algo, y eso es algo que haría sonreír a cualquier. Pero por estos días no tengo muchas ganas de caminar de más.
martes, 31 de mayo de 2011
lunes, 30 de mayo de 2011
doblevé.
Mirando por la ventana se me ocurrió pensar en la doblevé, es una letra extraña. Es la letra más ancha de todas, tan ancha que es imposible que sea una sola letra, sino que deben ser dos tomadas como de las manos o pegadas como siamesas por el torso o por la cabeza en algunos casos. Pero a pesar de esto, aún sigue en el abecedario, como un ser único e independiente y en menoscabo de las demás simples y solitarias letras. Debe ser porque nunca la pudieron separar como a la doble-ele. Es la letra que menos me gusta, pero aun así no puedo dejar de pensar en ella, intentando acallar mi conciencia y el hecho de que voy sentado en lugar de ir de pie. Es una letra perfecta, lo suficientemente singular como para tratar de encontrar su significado en las veredas, pero no lo bastante como para tenerlo realmente.
domingo, 29 de mayo de 2011
Palomas en mi techo
No me puedo sacar el sonido de las palomas de la cabeza, es como si hubieran reemplazado a ese zumbido del silencio y ahora las escucho en todas partes.
miércoles, 25 de mayo de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
2020
Veíamos los techos de lata en una perfecta simbiosis con los árboles y el óxido. Desde allí todo se había abandonado a la resignación de un final irrevocable y al calor, excepto nosotros. La tarde pasaba lenta, dándonos la oportunidad de ver todo el cambio de tonalidad hasta llegar a aquellos rojizos que espolvorean recuerdos por los rincones. Habíamos sacado el tocadiscos al balcón y tomábamos cerveza mirando el sol, en desmedro de algunas nubes que explotaban en el horizonte y por entre los edificios. El balcón era como siempre lo soñé, a la altura de un tercer piso, dejándome ver terrenos destrozados y casas desoladas, pintado de un amarillo muy similar al de sus baldosas restregadas y tan fascinante como para no alcanzar a imaginar absolutamente nada más.
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He estado pensado mucho en el estado (uuuy si, se escriben igual las weás). O el Estado es con mayúscula? En volá, pa no confundirlos. Lo bu...