Reviso y leo papeles sin parar, buscando esa respuesta que conoce el lugar aquel, que está en la punta de mi lengua. Sin esperar encontrar nada afín, un día llegamos como a un hotel de madera, lleno de cosas que no entendería. Nuestra suite era hermosa.
Como en ese sueño aquel, dormíamos abatidos por el sofocante calor de una tarde soleada y en el sueño de un sueño recorrí las instalaciones, sin más expectativas que matar un par de segundos ingenuos. Todo iba como lo esperado por todos, cuando vi aquella piscina. Sus recovecos contaban historias conocidas, como esas que he intentado recordar tanto tiempo.
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