No quiero olvidar la noche en la que cruzamos el río con la mirada, para ver las infinitas luces del risco en donde vivían mil luciérnagas, porque esa noche nació algo que nunca morirá, ni en los más fríos recuerdos. No puedo negar como todo confabulaba para hacernos algo más que amigos, y aun así tiemblo por el miedo a perder algún detalle.
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