jueves, 24 de junio de 2010

lo que pasa en meses de verano


Te extraño y comienzo a perder la cabeza por ti, y más te extraño. Contigo, no me importa el frío que siento a tu lado; el cansancio que te sostiene, llena mis brazos de vida; los malditos monstruos bajo tu superficie me alientan a alejarme de la orilla; se me va la cabeza si no estás aquí. Quiero entrar a ti y empezar a congelarme, para olvidarlo volando juntos. Entonces cuando la última piedra se hace más grande, no sentiré mis brazos ni mis pies, tu miedo me consume y me dejas solo con el infinito, así cuando caiga me rescatas del hielo y saltamos del agua. Volando juntos no hay frío que nos detenga, somos uno hoy y para siempre, porque nuestro pacto lo sellamos al instante de enseñármelo todo. Algunas veces me gustaría simplemente no haberte conocido, sería libre, libre al no saber lo que quiero a cada segundo que cuento, libre al no querer estar contigo y libre de conocerte. Cierra este condenado trato y llévame contigo a estar juntos por siempre ...








martes, 22 de junio de 2010

... algo me deja perturbado de este fortuito encuentro, mas lo pienso y no puedo saber qué es; sabía que debía arreglarme un poco más esta mañana. Me pregunto un sinfín de cosas, que sólo importan por quien es, así solamente tengo claro que ya no le pertenezco.

sábado, 19 de junio de 2010

me intriga que a pesar de conocerla hace ya mucho, aún me cuesta saber cómo piensa; nuestras conversaciones toman tonos cada vez más surrealistas y parece que a cada paso más de sinceridad se aleja más y más o tal vez porque comienza a importarme un poco más y más.

viernes, 18 de junio de 2010

recuerdos felices

Sin quererlo, le flotó en la memoria un recuerdo. Vio una habitación iluminada por la luz de una vela con una gran cama de madera clara y él, chico de nueve o diez años que estaba sentado en el suelo agitando un cubilete de dados y riéndose excitado. Su madre estaba sentada frente a él y también reía. Aquello debió ocurrir un mes antes de desaparecer ella. Fueron unos momentos de conciliación en que Winston no sentía aquella hambre imperiosa y le había vuelto temporalmente el cariño por su madre. Recordaba bien aquel día, un día húmedo de lluvia continua. El agua chorreaba monótona por los cristales de las ventanas y la luz del interior era demasiado débil para leer. El aburrimiento de los niños en la triste habitación era insoportable. Winston gimoteaba, pedía inútilmente que le dieran de comer, corría por la habitación revolviéndolo todo y dando patadas hasta que los vecinos tuvieron que protestar. Mientras, su hermanita lloraba sin parar. Al final le dijo su madre: "Sé bueno y te compraré un juguete. Sí, un juguete precioso que te gustará mucho". Y había salido a pesar de la lluvia para ir a unos almacenes que estaban abiertos a esa hora y volvió con una caja de cartón conteniendo un juego llamado "De las serpientes y las escaleras". Era muy modesto. El cartón estaba rasgado y los pequeños dados de madera, tan mal cortados que apenas se sostenían. Winston recordaba el olor a humedad del cartón. Había mirado el juego de mal humor. No le interesaba gran cosa. Pero entonces su madre encendió una vela y se sentaron en el suelo a jugar. Jugaron ocho veces ganando cuatro cada uno. La hermanita, demasiado pequeña para comprender de qué se trataba el juego, miraba y se reía porque los veía reír a ellos...



cosa estúpida sin sentido alguno

Recuerdo que me levanté temprano ese día, debe ser porque el día anterior lo dormí entero o porque había un partido en la mañana. Recuerdo que ya estaba bastante retrasado y claramente no llegaría a clases, así que me ofrecieron llevarme hasta la u. Mis papás como siempre tan simpáticos, hablaban un sin fin de banalidades y yo les comenté que sentía nauseas, así que traté de abrir la ventana y no respondía. Como es habitual eche la respectiva foca a mi papá por ese afán de bloquear y controlar todo lo que puede y luego de eso por fin pude abrirla y respirar. Una vez de vuelta dentro del auto, me han saturado de preguntas superfluas, mas me ha llamado la atención sólo una "¿No será que tienes nauseas por tu alergia y que no te estás oxigenando bien?". Me limité a decirle que me había medicado en la mañana y que esa era la razón.
Paso el día luego con una desagradable normalidad y una vez terminados todos mis deberes llamé a mi papá, que me había ofrecido llevarme de vuelta. Caminé varias cuadras hasta encontrarme con él, parece que caminar ha sido lo más provechoso del día. Una vez dentro del auto recordamos que se me ha olvidado ir al médico, así que partimos enseguida. Me estoy demorando mucho así que la haré corta. Esperamos una media hora y después de varios disgustos entramos en la consulta. Luego o antes de examinarme no lo recuerdo, comenzaron las típicas preguntas de mi papá, variadas en su nivel de ignorancia. Al cabo de un par de preguntas con respuestas bastante conocidas por los 3, escucho lo siguiente, "es normal que el D** se sienta mareado, está realmente congestionado" o algo por el estilo. A lo que el médico le responde que es normal que sienta nauseas luego de haberse medicado. Yo simplemente escuchaba y en mi mente sabía que había ganado esta partida.

que estupidez y pérdida de tiempo escrita

extraña lluvia

Tomé el camino largo, parecía distinta la micro ese día, debe haber sido la lluvia o las razones de mi partida. Parecía algo vacía y se veían todos molestos y empapados, a nosotros, al parecer, no nos molestaba en lo más mínimo la lluvia, la que contribuía a que nos sintiéramos impenetrables y hablar con soltura, cuando todos callan, me da nuevos motivos de invencibilidad. Sentir entonces la superioridad ilusa que me da reír cuando el resto no, me da las estúpidas atribuciones de poder burlarme de su forma de verme reír, de sus formas de ver llover. Mas ese día así el agua que caía no podía dañarme, nadie podía hacerlo.
Una vez andando, la noche se apoderó de mis deleites, disfrutando hasta un punto risible mis dejos de superioridad, todo esto alimentado por lo que giraba y giraba. Una tosca neblina, con aires de lluvia, empañaba las tenues luces que no ayudaban en lo absoluto a traerme a la realidad y cada paso más cerca de la oscuridad iba marcando el compás de esa canción que iba componiendo mi cabeza con el ruido de los autos y el viento. Parecía tenerme sin cuidados cada instrumento de mi composición, limitándome simplemente a decirlos superfluos, vanamente fundamentales en el contexto de mi supremacía, sabiéndome único en esa noche húmeda.

jueves, 17 de junio de 2010

se resume diciendo que la naturaleza divide a los hombres en dos categorías: una inferior, la de los hombres ordinarios, cuya sola misión es la de reproducirse; la otra superior, la de los hombres que poseen el don o el talento de hacer oír una palabra nueva. Pertenecen a la primera de manera general los conservadores, los hombres de orden que viven en la obediencia y que la aman. En mi opinión están obligados a obedecer, porque tal es su destino, y porque esto no tiene nada para ellos de humillante. El segundo grupo se compone exclusivamente de hombres que violan la ley o tienden según sus medios a violarla: sus crímenes son naturalmente relativos y de una gravedad variable. La mayor parte reclama la destrucción de lo que es, en nombre de lo que debe ser. Mas si por su idea deben verter sangre y pasar por encima de cadáveres, pueden en conciencia hacer lo uno y lo otro en interés de su idea, por supuesto. Por otra parte, no hay que inquietarse mucho: casi siempre la masa les niega ese derecho, los decapita o los cuelga, y obrando de esta suerte, cumple con mucha justicia su misión conservadora hasta el día, bien es verdad también que esta misma masa erige estatuas a los ajusticiados y los venera. El primer grupo siempre dueño del presente, el segundo lo es del porvenir. El primero conserva el mundo y multiplica los habitantes; el otro mueve el mundo y le conduce a su objeto. Estos y aquellos tienen absolutamente el mismo derecho a la existencia...

 Lo que hubiera sido que se quede donde está