domingo, 28 de octubre de 2012

Día de elecciones

Tengo pena hoy, es tanta la pena que casi me pongo a llorar con un comercial de la tele. Es una pena conocida, desencadenada (o predicha) por el mensaje que me llegó al celular del Servel. Debe ser porque dormí muy poco, me acosté tarde, dormí doblado y que hoy no quise ir a votar. No es un buen día para que se junten todas esas cosas con tener que estudiar además y no saber por dónde empezar.
Mi hermana habló en la mesa y dijo que si no íbamos a votar (increpando a mi hermano y a mí), después no teníamos derecho a reclamar. Aun así ninguno de los dos fue a votar, siempre lo supimos, aunque el Servel, los actores y miles de personas más nos llamaran a hacer lo contrario. ¿Saben lo que me da pena entonces? Saber que hay una papeleta con mi nombre, que alguien la imprimió y que sigue ahí, vacía. Me da pena pensar que existe algún concejal que está con su familia esperando los resultados, que los espera porque es su sueño, porque de verdad cree en el sistema. Me da pena no creer. Me da pena que ese concejal no saque ni un puto voto porque nadie lo vio en ningún cartel. Me dan pena todas esas personas que verán tristes hoy cómo la abstención es la tónica de la jornada. Me da pena no creer 
Me molesta este tema del voto voluntario y que nadie me haya preguntado si quería ser votante voluntario, porque no quiero. Detesto estar en esta encrucijada entre votar para no sentir esta sensación asqueante y no votar. No me gusta tener que decidir de nuevo algo que ya había decidido hace varios años atrás y sólo para quedarme con esto, con esta pena que no se va con nada del mundo. Ya lo dije, es una pena conocida y recurrente y que se puede evitar, pero que ahora llegará ineludible todos los días de votación y que sólo se irá votando.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Masetas

Mis compañeros se metieron a la fuente alemana de maipú, la que queda justo al frente del mercado. Yo no quería comer ni gastar plata, así que salí. Me metí al viejo edificio a ver si encontraba algún regalo para mi mamá. Cada vez que voy al mercado me gusta más, yo creo que desde el día que fui al mercado de Temuco que lo veo diferente. Es como si le pusiera una transparencia encima como las del colegio o de los libros, una transparencia de ese día, de ese sol y de esa compañía. Por eso me gusta más el mercado ahora.
Me metí por las callesitas, sabía exactamente donde iba, así que fui directo a la señora que vende semillas y demases para ver si tenía algo entretenido. No tenía muchas cosas, la verdad es que nunca tiene nada, pero no sabría qué más hacer si no fuera por ella. Le compré tres maseteros, dos chiquitos y uno grande que me puse en la cabeza para protegerme del sol cuando salí. No quise deambular por los recovecos ni sentarme en la fuente que está al centro de todo, sólo quería irme de ahí, sólo quería estar en otra época y en otros mercados.

Trasplantar

Hoy trasplanté un tomate, el más grande que tenía. Me costó un montón sacarlo de la botella, vine a darme cuenta bien tarde que no es tan buena idea usar botellas de maseteros, especialmente esas de jugo que son bien duras. Empecé a cortar el plástico con una sierra que encontré. Cuando me fallaba el pulso le cortaba las raíces a mi tomate, incluso le corté una que lo hizo caer, me dio pena, todavía me da. Le puse uno de los palitos chinos que tengo para sujetar las plantas mientras yo seguía con la operación. Decidí hacerlo con una tijera de podar que encontré en un set rebonito de mi mamá y empecé de a poco a romper la botella para sacar la tierra y las raíces por completo. Con las demás herramientas de la cajita verde tomé la planta y la tierra y la puse en el masetero que compré en el mercado. Espero que no tenga que trasplantarla de nuevo, por el bien de mi planta. Cubrí lo más que pude con tierra, la regué para que se afirmara un poquito y la dejé encima del escritorio para que tomé el sol de la mañana. Dicen que siempre es bueno regar después de un trasplante. Quiero que crezca, es una de las poquitas cosas que me va quedando.

viernes, 12 de octubre de 2012

Hombre Paloma 1

¿Conocen al hombre paloma? No es el mismo que salía en Arnold, de hecho, son seres antagónicos con el que les voy contar, y aunque nacen de un mismo animal, uno vuela y el otro vive para comer, son una suerte de dualidad de la paloma. Me gustaría escribir del bueno, del que vuela hacia el sol, pero sinceramente, creo que estoy más familiarizado con su némesis.
¿Por qué lo conozco? Todos lo conocemos, vive en todos nosotros, en nuestras casas y se come nuestra comida. Siempre pienso que se aloja en la ex-pieza de mi hermana, de allegado en las vigas del techo, que deambula buscando algo en que ocuparse porque ya no puede seguir durmiendo, caminando sin sentido como una paloma en el concreto, defendiendo un pedazo de tierra que no le pertenece, que en un par de minutos olvidará sus límites, pero que defendería hasta perder un ala o algún otro dedo del pie, porque así son las palomas, olvidan fácilmente. Podrías pensar que es como cualquier otro animal, que es como cualquier perro, pero no, el hombre paloma es diferente. Si miramos un perro, puede estar acostado todo un día si no tiene por qué levantarse, en cambio nunca veremos un paloma acostada, ¿saben por qué? Porque son demasiado estúpidas para entender que no haría ninguna diferencia si se levantan o no, si dan una vuelta más, si bajan o no esa escalera a saltitos, si defienden o no ese pedazo de tierra que acaban de reclamar, sólo lo hacen porque no tienen nada más que hacer, porque jamás han hecho algo que realmente valga la pena. De aquí es de donde nace nuestro hombre paloma, el que vive con las alas rotas, el que vuela sólo para esperar la muerte, rogando todos los días que llegue rápido para que termine por fin con su sinsentido, pero que le teme más que a todo en el mundo. Ese es nuestro hombre paloma.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Vómito 1

Me ha dolido la guata toda la semana, desde que tomé el viernes pesado creo, sería más de una semana entonces. Me duele harto, tanto que a veces no puedo dejar de pensar en eso, no puedo sacar las pseudo-nauseas de mi cabeza ni de mi garganta. Estoy aburrido ya.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Ya descubrí por qué la gente hace show cuando se cura, es porque tiene pena. Así, no sólo logra quitarse la pena, sino que empezar a dar pena, es como si la sacara de adentro y se convirtiera en la pena misma.

Cumpleaños

Lo único que recuerdo en este momento es el día del cumpleaños de la Vianka. Ni siquiera recuerdo el día la verdad, sólo recuerdo su casa y los monitos que vimos cuando fui. No sé por qué fui, no recuerdo si éramos amigos o algo, de hecho en el curso le tenían sobrenombres y un niño nunca va a los cumpleaños de las niñas y menos si le tienen sobrenombres, pero debe ser porque mis papás me llevaban a todos los cumpleaños donde me invitaban, aunque yo no quisiera. Su casa era soleada y bonita, quedaba por ahí por los bomberos de Talcahuano, estaba decorada con platitos de barcos como los que tenía mi tata, recuerdo que eran los mismos. Tal vez su papá era marino.
Llegó poquita gente al cumpleaños, vimos unos monitos que eran como la copia del libro de la selva, recuerdo que había un tigre y un elefante. No éramos más de seis. Un niño contó que el tigre no te ataca si lo estás mirando, por eso los de la tele tenían máscaras para ponerse atrás de la cabeza. No sé qué más pasó en el cumpleaños, parece que jugamos súper nintendo mientras la mamá nos llevaba unos pancitos como si fueran canapés, tenían pasta de pollo y cosas ricas, cosas que no entendíamos. Yo quería dulces y no panes.
Tal vez inventé todo esto, la única certeza que tengo es el recuerdo de la escalera, esa escalera llena de sol que nunca he podido olvidar, como si hubiera tenido un ventanal exclusivamente para llenarla de luz. Las escaleras y el sol son siempre el mismo recuerdo, la misma combinación mortal, siempre el mismo efecto. La misma sensación que produce recordar la sorpresa que te daban al final para que te llevaras a la casa o el pedacito de torta que me regalaron para mis papás. No sabría decir por qué chucha me da tanta pena imaginarlo, pensar que su mamá sigue ahí, echándole dulces a una sorpresa de cartón, pensar que tal vez compraron sorpresas para más niños de los que fueron, pensar en todo eso me da pena.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Doctor

El doctor me preguntó por mi mano y cuánto me dolía y luego me mostró un sticker que tenía en el vidrio de la mesa, con una escala de dolor que iba del uno al diez. El uno decía algo así como molestia, el tres decía dolor leve y así subían hasta el dolor insoportable o la peor tortura del mundo. Todos los números y descripciones iban acompañados de un monito que representaba el nivel de dolor; no podía ser más fácil de entender y aun así el doctor me lo explicó con detalle. Yo todo el tiempo quise interrumpirlo, ahorrarle palabras, decirle que no era necesario, que sólo bastaba con que me dijera cuánto me dolía y yo le diría el número, que no era ni siquiera necesario que me dijera cuál era la escala, porque la conocía a la perfección.

domingo, 12 de agosto de 2012

normal.

Mi vida nunca ha sido muy emocionante, siempre bastante pareja y a pesar de que he tenido días que no se podrían creer, nunca algo que no hubiera esperado completamente. A veces me arrepiento de las cosas que he dicho y otras veces me he sorprendido de algunas genialidades que me han salido de no sé donde, pero siempre son un par, nada para definirme como un genio o como un imbécil. Me he quebrado un par de huesos y me he sacado pedazos de piel, pero no han sido más que errores de cálculo. Soy una persona demasiado normal, tan normal que no podrías reconocerme en la calle si te describiera cómo soy.

Desórdenes

Ese día podía saber exactamente en qué momento cruzaría la línea de la vigilia para caer dentro de los razonamientos sin control que vienen previos al sueño o a la parálisis. Pero era extraño saber que los estaba teniendo, como si fuera un turista paseando por la ciudad donde vive, analizando mis propios pensamientos como si viera la tele, completamente ajeno a ellos. No era la típica pérdida del conocimiento gradual casi ausente de recuerdos, sabía perfectamente lo que estaba pasando, porque una vez que avanzaba más allá de los límites, la cabeza me empezaba a hervir. Yo creo que se sobrecalentaba de dos pensamientos simultáneos: de los que fluían y de los que pensaban. Estas dos voces dentro de la cabeza se llevaban todo de mí, tanto que me costaba trabajo respirar, tanto que tenía que despertar para no quedarme paralizado; para poder volver a respirar.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Frivolidad

Hay amigos que sólo se sientan uno al lado del otro en el auto, callados escuchando la música. A veces intercambian un par de frases referentes al entorno, hablan de alguien que conocen o del carrete de ayer; otras veces no hablan nada. No sé si será malo o bueno sólo ir sentados en silencio, me gustaría intentarlo.

sábado, 4 de agosto de 2012

Casas 1

Siempre cuidé esta casa como si fuera mía, la quise como si nos conociéramos de toda la vida y más, pero no bastaba, nunca era suficiente, ¿no podría acaso llegar a ser el propietario de eso que tanto cuidaba? Claro, yo era bienvenido mientras no estuviera el dueño, mientras el dueño estuviera de luna de miel, pero así son las casas, cuesta abandonarlas.

lunes, 30 de julio de 2012

Enero

Él y yo no podemos estar en la misma casa, compartir los mismos amigos ni una conversación acalorada. Pasamos el día juntos a veces, pero no podemos ir más allá de eso, nunca podremos.

sábado, 21 de julio de 2012

martes, 10 de julio de 2012

2

Hoy caminé por el centro mirado desde adentro, desde los edificios hacia afuera, así lo estaba viendo. Entré a todas las partes donde pude, caminé entre la niebla, en todos los pasillos y por todas las tiendas. Me compré dos helados por pena que dormirían mi cerebro, para dejar de sentir la pena, para adormecerme por dentro. Me gustan los helados, en especial con crema y tritón, son mis helados favoritos, como recuerdos de la guerra...

I

Ven a pasear por mis sueños y a hacerlos verdaderos, caminando por las calles y llevándome por los cerros.

lunes, 9 de julio de 2012

Ballenas 1

Llegamos al muelle bien tarde por la noche para ir por nuestro paseo por la bahía. Nos recibió un militar de pelo gris, vestido de camuflaje, que manejaría la lancha; el otro de negro entero, no estaba ahí para hablar. Nos subimos a uno de esos típicos zodiacs verde musgo o negro, ¡apenas nos separaba de las olas! El militar de negro se sentó en la punta y el más alto al final para tomar el brazo del motor, M. y yo nos sentamos en el tablón central, algo asustados por el negro infinito de las aguas, un negro que nunca habíamos visto; nadie nunca sale de noche en bote.
El marino más viejo empezó a hablar del krill por radio y apenas cortó le pregunté si llegaban ballenas a la bahía, él me dijo que sí, que había justo una a la derecha de nosotros.



Digimon

Me acuerdo que cuando chico leí un libro de las crónicas de Narnia para el colegio, me gustaba, siempre me han gustado los mundos mágicos, aunque ni me acuerdo de la historia, sólo de la nieve. Me dejaba siempre la misma sensación cuando terminaba de leer, como si me faltara algo, como si mi vida estuviera de verdad vacía. Es la misma sensación que me quedaba después de ver digimon.

martes, 26 de junio de 2012

Olas Grises 1

Hoy conocimos un pueblo, todavía más al sur que la última ciudad del continente, pasando el frío concreto de los supermercados subterráneos y de los edificios desiertos y por el azotado embarcadero de cielos oscuros y aguas revueltas donde a veces nos alojamos para recorrer sus calles de barro. Más allá de todo eso está el pueblo que les cuento, protegido por los mares más peligrosos del mundo.
Es un pueblo tranquilo, defendido por una tropa de soldados con bayonetas y por la eterna niebla que le da ese aspecto de olvidado en el tiempo. Las casas más adineradas del pueblo están en la península, en lo más alto de la colina de los caminos de adoquines. Pintadas de llamativos colores que harían retorcerse en sus tumbas a los antiguos dueños que alguna vez vinieron a construirlas aquí para abandonarlas a la mala fortuna de envejecer eternamente en un lugar donde no pasa el tiempo. En la ladera oeste nace la parte nueva del pueblo, atochada de casitas de latas amarillas y de redes y botes que invaden la playa norte de la pequeña bahía.
Como en todo lugar detenido en el tiempo, sus habitantes viven del pasado porque no conocen otra cosa, pero no se dan cuenta que todo es como antes sólo que más viejo. Los soldados patrullan sin sentido la costanera de piedra, el lago nublado y pequeño bosque de lengas, deteniendo al mismo borracho todos los días; otros cuantos recorren los interminables pasillos de la antigua feria buscando señales de vida.


domingo, 17 de junio de 2012

La música.1

Hay hartas cosas importantes en el mundo, como la música. Siempre pienso que la gente no entiende la música en realidad, que la escuchan para caer bien, como cuando se ríen de un chiste porque a todos los demás les hizo gracia. Me gusta la gente que siente la música, me gusta M. Cuando éramos chicos, en el tiempo que las canciones se bajaban cortadas porque siempre se desconectaba internet, uno iba llenando de a poquito la carpeta "música" con las primeras canciones enteras que pudieras bajar del Napster. Ya más grandes, M. tenía un par de canciones especiales, le gustaban tanto que las escuchaba sólo un par de veces al año por miedo a que le dejaran de gustar. Cualquiera diría que era estúpido, que si le gustaran de verdad las podría escuchar un millón de veces sin aburrirse, yo mismo lo webiaba poniéndolas, pero no era por eso que no las quería escuchar. Ahora no me imagino no entendiendo a mi hermano. No me imagino el día antes de conocer el temor de una canción, de un solo o de un acorde, ese miedo a conocer los recovecos de la armonía que el día anterior te había sacado el estómago por la boca.

Les voy a hacer un compilado de canciones que me gustan, de un estilo que no sé y que no sé tampoco qué tienen en común, pero todas me producen lo mismo. Son canciones como de viajes de chico en el asiento de atrás del auto, escuchando toda la noche como mis papás hablaban.






Esta ni siquiera la pude terminar de escuchar:



Me aburrí.

Menciones honrosas:

Esta no tiene nada que ver, pero es más triste que la chucha.




jueves, 14 de junio de 2012

13 de Junio

Me acuerdo que la tina movía toda la casa cuando pisabas fuerte. Salía poquita agua de la ducha y a veces veías arañas de rincón en las toallas blancas. Para jabonarse había un ejemplar lleno de pelos que ya blanqueaba por el uso y para lavarse el pelo había un balerina en bolsa, igual al que hay en mi casa, pero mucho más grande. Tal vez ni siquiera era más grande que el de mi casa, porque el que tengo yo no deja de ser una botella considerable, debe tener por lo menos un litro, pero me llamaba la atención que fuera en bolsa. Debe ser más barato, pensé en su momento, porque ¿por qué alguien querría comprar una bolsa de champú en lugar de una botella?

¿Cómo alguien puede ser tan cruel como para hacerte elegir entre comprar la botella o la bolsa?


miércoles, 13 de junio de 2012

Niñas de rojo

Hay niñas que todos los días por la mañana se duchan y se arreglan lo más bonitas que pueden. Algunas se pintan cuidadosamente para que no se note que sólo tienen una chaqueta y se arreglan el pelo para que el mismo pantalón se vea diferente al día anterior. Son las mismas niñas que siempre atienden en clases, con sus cuadernos llenos de colores baratos y sus errores tapados de corrector. Todos en el curso tienen fotocopias con sus letras, aprovechándose de que jamás levantan la voz. Son las mismas niñas que caminan bajo la lluvia con mochilas enormes, las mismas que bajan la vista al pasar.

miércoles, 6 de junio de 2012

5 de Junio

Iba a escribir hartas cosas, algunas tenían que ver con mis aventuras de hoy y otras no. De lo único que me puedo acordar ahora es de alguien que decía que no importaba lo que hicieras, que el trabajo era el trabajo, pero luego se dio cuenta que se decía eso para no sentirse tan miserable, ya que él sabía que a la larga te conviertes en lo que haces, pero no lo quería creer. Es como si a la larga no fueras más que una diferencia entre tus buenas acciones y tus malas. Entonces, ¿un weon de mierda puede esconderse detrás de un paquete de buenas acciones y malos sentimientos, para después confundirse con ellos? Parece que sí, habría que esperar a ver si el tiempo nos da la razón.

sábado, 2 de junio de 2012

1 de Junio, mes de mi cumpleaños!

Estoy juntando sueño para que no me pase lo de ayer, de verdad que hasta prefiero la parálisis del sueño a lo que sufrí ayer. Hoy estuve metido en un taco, fue el tópico del día: el taco y la lluvia. No entiendo por qué la gente siempre sale a la hora del taco, no entiendo por qué hay tanta gente y tan pocas calles. Tampoco entiendo por qué no ensayamos, por qué no nos quedamos a tocar y esperar que la gente se metiera en sus casas a ver la novela. La lluvia me gusta, me gusta mojarme, no me molesta para nada, excepto si después no puedo respirar como cuando me mojo mucho rato. Me cuesta ver cómo las personas pueden soportar cosas todos los días; como la gente puede vivir en lota y levantarse a las cuatro y media. Hay personas que de verdad no sé cómo lo hacen.
Hoy pagué el peaje con una crema para los tallarines y quinientos pesos, creo que fue lo mejor que me pasó en el día. La gente debería volver al trueque, insisto en eso, le da una especie de valor agregado a las cosas, aunque no siempre reciban lo que querían o lo que hubieran comprado con el dinero. Yo creo que siempre recibes más, como una especie de multiplicador sobre todo. Como el dinero está hecho para darle el valor exacto a todo, la única posibilidad de recibir más de lo que se entrega es por errores humanos o por mala fe, dejando el enorme vacío que deja una transacción con billetes arrugados. Con el trueque la gente recibe más de lo que valen las cosas porque es inexacto, porque es humano. Me gusta el trueque, me gustaría pensar que la señora del peaje pensará en mí cuando haga una salsa con la crema que le regalé/cambié/vendí.

jueves, 31 de mayo de 2012

30 de mayo

Como no tengo nada que escribir les voy a contar mi día.

Me levanté a las 12 y como no había puesto la alarma pude hacer lo que hace mucho había querido: despertarme solo. De ahí no sé qué hice, yo cacho que me metí al computador hasta que tuve que ducharme. Me duché en el baño de mis papás porque el calefont del baño de arriba estaba cortado por culpa de mi tata, que siempre deja el agua corriendo, me tiene chato. Me tengo que haber demorado un eternidad en la ducha porque cuando salí ya estaba atrasado. Almorcé la lasaña de no sé cuando, pero estaba rica como siempre, la tragué mientras veía algo en la tele y me lavé los dientes para salir lo antes posible. Camino al paradero no pasó nada interesante, me ladró el perro culiao de la mime por todo el frente de la casa y saliendo del pasaje vi irse la micro que me servía, lo de todos los días. Lo bueno de todo esto es que la micro que se me pasó iba llena y la que tomé después iba vacía y se fue rápido, apenas paraba en los lomos de toro, para espanto de las viejas de micro que se persignan al pasar por las iglesias. En mi asiento de micro me dediqué a borrar todos los mensajes de llamadas perdidas que me tenían la memoria completa, en eso se me fue casi todo el viaje.
Llegué 30minutos atrasado a clases y no entendí nada de la primera media hora que estuve sentado porque se reflejaba la ventana en la pizarra y veía la mitad de todo, después me cambié de puesto. Me gusta la profe y estoy seguro que ya me conoce; es un amor. Cuando salimos fui a pedir un libro que ni leí y nos fuimos. De ahí me encontré con M. y fuimos a comer palomitas al centro, las mejores palomitas que he comido, perfecta relación precio-calidad. La fui a dejar al paradero cuando se hizo tarde y volviendo de allá me encontré con M (otra M, una ex compañera de colegio), hablamos puras weas y me mostró a su pololo nuevo, era simpático. Estaban comiendo papas de assuan y estaban todos sucios yo creo, porque él no me quiso dar la mano pa saludarme. Me alegró verla, andaba simpática, no como otros días. Les conté, no sé por qué, que hoy di pena pateando una pelota de fútbol, de ahí nos despedimos.
Llegué al paradero y justo estaba la micro y no iba llena, pero me senté casi llegando a mi casa. Iba el toño en la micro y hablamos un rato y me bajé con él. Se me olvido el trayecto a mi casa y cuando entré, demás que se prendieron las luces y demás que me costó meter la llave de la puerta de afuera.
Tomé once con mi mamá, me hizo una ensalada a mí a mi hermana. Mi hermano estuvo de pie toda la comida y mi tata habló solo la mayoría del tiempo. De ahí me metí en mi pieza a chatear, después vi pobre rico y después no sé qué hice porque metido en esta mierda (computador) el tiempo pasa sin hacer nada.
Ese fue mi día, lo único bueno fue ducharme, haber ido a clase y haberme encontrado con M. lo demás, no sé.

domingo, 27 de mayo de 2012

Ministerio de la Alegría.

El viernes el profe nos contó que a veces en las noticias, metidas entre los 20 minutos de accidentes y los 15 de fútbol, hay historias interesantes, como la de un país donde se creó el ministerio de la alegría. El máximo encargado de este ministerio es el ministro de la alegría, el que debe preocuparse de que la gente esté feliz. Yo me lo imaginaba mientras el profe seguía hablando, sabía que sería negro y pelado, pero pelado de verdad, no muy viejo y que vestiría ropas como de sacerdote, con un gorrito de esos ridículos de cura y con esas bandas que cuelgan de los hombros. Luego pensé en todas las cosas que haría para que las personas fueran felices y en lo feliz que sería yo haciéndolo. Yo creo que a todos en la sala les dejó de importar el crecimiento económico, la distribución o el desempleo, perdidos, pensando en un país donde las casitas hechas de árboles se mezclarían con música aborigen y sonrisas blancas sobre pisos de tierra arcillosa.

martes, 22 de mayo de 2012

Este blog es cada día peor. Debería retirarme dignamente.

Viejas culiás y feas

Odio a las viejas culiás que van a puro weiar al centro. Me carga cuando corren a la micro, como desesperadas por comida, para agarrar el puto asiento que igual les iban a dar. Viejas conchadesumadre. Me altera que se metan adelante mientras trato de subirme, me altera que sean tan viejas y tan weonas, como si no hubieran aprendido nada en todos los años que tienen. Hoy día me molestaban mucho más que cualquier otro día.
Siempre me paro a darles el puesto cuando voy sentado, a veces ni siquiera son tan viejas, pero siempre son weonas de mierda, nunca dan las gracias, como si uno no estuviera cansado, como si no me doliera la espalda. Viejas de mierda, no tienen idea de lo corto que se me hace el viaje cuando voy sentado.

domingo, 13 de mayo de 2012

Ballena

Las ballenas viven en todos los océanos y todas las especies migran según la estación del año. Pasan el verano en aguas frías en altas latitudes, mientras se alimentan. En otoño se trasladan a aguas más cálidas para aparearse y tener crías. Excepto en las épocas de reproducción, las ballenas comen poco y nadan por varios meses. La ballena gris es la que tiene las rutas migratorias más largas entre todos los mamíferos. Los dientes de las ballenas son de pelos duros conocidos como barbas.

jueves, 10 de mayo de 2012

Mar en el cielo



Té de barro

Tengo una casita de muñecas donde me gusta estar. Nadie la conoce por dentro, allí todo es de juguete y menudito. Las tacitas donde tomo el té siempre están sucias al fondo (con tierra del menjurje que se tomó la once anterior) y puestas sobre una mesa de maderitas que se desarman.  A veces hay telas de araña en el techo y en el invierno la gotera cae justo donde debería estar la tele. Sé que a nadie más le importa que a mi mesita se le caigan las patas o que encuentre arañas de rincón adentro del horno. La gente piensa que mis arañas son menos de rincón porque viven en un casita de muñecas, que porque mis cubiertos son plásticos son menos cubiertos y que mis platos son menos platos porque sólo tengo dos, pero no es así. La gente nunca se fija en realidad, siempre están preocupados de pagar las cuentas del agua y de la luz y de no ponerle atención a las cosas que no entenderían. Aunque en mi casita todo es diferente, por eso me gusta tanto.
A veces me da pena pensar en ella y en las cortinas sarpullidas de flores marchitas por no ver la luz solar. Las cortinas no fueron hechas para eso, para sólo llenarse de motas. No puedo dejar de pensar en la puertecita que rechina un poquito más cada día que entro a jugar; en que cada día me queda un poquito más chica. ¿Qué pasará cuando ya no quepa por la puerta ni por las ventanas? ¿Las micros dejarán de pasar? Yo creo que no, nada va a cambiar para nadie, tal vez ni siquiera para mí, todo va a seguir igual pero diferente. A lo mejor las micros dejen de pasar como las conocemos, serán más lentas, pero se despegarán del piso y de las imperfecciones del pavimento y yo seré el único pasajero que viaje en ellas. A veces me iré sentado; otras veces de pie. Las cosas simplemente se despegarán del piso.
Con todo lo demás será la misma historia, ¿saben por qué? Piénsenlo, pueden pasar dos cosas: que todo se convierta en un sueño insípido o que yo me convierta en un sueño, lo que para efectos prácticos es la misma cosa. Debe ser la misma sensación a ser traicionado o que te boten todos los juguetes, porque después de eso ya nada vuelve a ser como antes. Pero las micros seguirán pasando y los intereses en el banco se seguirán acumulando y ¿les digo por qué? Porque a nadie en el mundo le preocupará donde mierda está oculta la caja que usé para guardar esas tablitas que un día fueron todo eso que escondía mi casa de muñecas. 

Notas del 2024.
A veces vuelvo a leer las entradas antiguas y les cambio alguna que otra cosa de redacción. Como leo menos que antes, supongo que las dejo peor. En particular, esta entrada siempre me gustó. Era una declaración de un futuro probable.
Les quiero contar que todo lo declarado aquí se cumplió. Les quiero contar que después de haber sido traicionado, vendido, asesinado y reclutado por una secta, he renacido. Las micros no se despegaron del piso, pero yo comencé a volar una vez que me quite el lastre de una vida sin propósito.
Aprendí tanto en estos años que me sorprendo a veces. Ya no necesito escribir para sobrellevar la pena y ya no lloro cada vez que me ducho. A veces quiero llorar y no puedo, es rarísimo.
Aunque uno pueda predecir el futuro, eso no es nada. Predecir algo es solo predecir una parte de eso y en un instante del tiempo. Además, ¿qué mérito tiene afirmar (y acertar) que recordar la pérdida de un ser querido en un futuro, gracias a un recuerdo en común, te hará mierda? Es más obvio que la chucha. Por otro lado, el solo hecho de describirlo lo hace más probable. Una vez pensado y ya está, es imposible saber qué parte fue la predicha y cuál fue la creada.
Volviendo al tema central, soy un afortunado de la vida, porque entender esto es lo más difícil por lo que he tenido que pasar. Hay personas que aprenden esa lección con la muerte de un o una ser querida.
La vida sigue, incluso uno se vuelve a enamorar. Imagínense lo que es eso. Un día crees que no puedes vivir sin una persona y al tiempo ya ni te acuerdas de cómo hablaba ni de su olor. ¿Pasará así con otros lutos de la vida? Me imagino que no, pero uno siempre vuelve a reír, no importa la mierda de la conchalalora que te pase. Como dicen en la princesa mononoke (voy a inventarla porque no me la sé exacta): la vida es una puta mierda, pero uno siempre encuentra una razón para seguir viviendo.
A veces pienso en las veces que pensé en matarme. Creo que nunca fueron en serio porque, por alguna razón, siempre he tenido la convicción de que se puede empezar de cero. En el peor de los casos, siempre pensaba en eso: ya, que tanta weá, me voy al sur y no vuelvo nunca más. Y si me quiero matar de nuevo, me voy al norte a trabajar en los barcos que sacan langostas. Y así, como los estafadores que se cambian a una ciudad donde nadie los reconoce, pero del suicidio. Por eso mismo digo que nunca fue en serio.
Ahora sé que no es necesario irse a ningún lado. La vida solo sigue. Los lutos pasan. Vuelve el verano y los rayos del sol se van llevando las penas.
Lo que no soportaría es volver a vivir sin sentido.

jueves, 19 de abril de 2012

Pena

Tengo esa pena que no tiene otra explicación que la hora o el trabajo culeao que estoy haciendo. Se parece más a haber olvidado la cosa más importante del mundo que a querer llorar, pero no por eso es menos triste. La tengo desde que salí de clases, desde que me senté solo. Así debe sentirse ese niño raro que todos los días entra a la sala como si jamás se hubiera lavado el pelo.

martes, 17 de abril de 2012

jueves, 29 de marzo de 2012

Viven

Es la misma sensación que tener algo en la punta de la lengua. Es buscar desesperadamente la próxima nota de ese miserable trozo de melodía que despertaste cantando. Es como si todo el mundo de alguna forma te recordara algo que conoces de una vida pasada, de algún sueño lejano del que no te queda más que el sabor a nostalgia. Es ver pasar toda tu vida con lentes de sol.

P de paradigma

¿Desde cuando J. necesita demostrarme cosas? Como si no supiera que vivió toda su vida sin tener que hacerlo.

Otro día escribiré lo que sigue.

martes, 27 de marzo de 2012

viernes, 23 de marzo de 2012

Vivo

Pasó por al lado mío un perro negro, chico y bien feo que hizo pipí en el primer poste que encontró y siguió caminando. Le hablé varias veces, quería saber si mi cuerpo no se había quedado sentado en la micro o botado en alguna calle más atrás. Imploraba que se diera vuelta, que caminara conmigo hasta mi casa, pero no lo hizo. ¿Habrá sabido ese perro todo lo que yo lo necesitaba? Tal vez nunca me vio, tal vez sigo tendido en el parque de los árboles grandes.

martes, 20 de marzo de 2012

Mares

Y me preguntarás: ¿cuántos mares existen? Querrás saber si los conocía desde antes, pero te diré que no lo sé, que nadie lo sabe; te diré también que ese mar que nos llama a recostarnos no es el mismo que yo conocía, o el que alguien alguna vez conoció, porque este, como todos los mares que existen, nunca volverá a ser el mismo.


Sucias moscas.

Me siguen las moscas. como si supieran lo que murió dentro de nosotros. Están en todas partes: en la cocina, en mi pieza, en mi cabeza, en la alfombra y en el techo. No me dejan dormir.
A veces quisiera matarlas, es hasta entretenido, pero odio verlas reventadas en las paredes. Siempre he pensado que la sangre de las moscas es más sucia que la de cualquier otro animal, hasta que recuerdo que la sangre es sangre: un par de plaquetas, algo más de eritrocitos y están también los leucocitos; todos elementos figurados de nombres amables.
En realidad no sé mucho de la sangre ni de las moscas, sólo sé lo que todos saben, que comen caca y esas cosas. Pero hay muchos animales que también comen caca, como los perros y a ellos todos los quieren. En realidad, yo creo que a las moscas las odian porque son muchas y llegan a invadir esos espacios que nadie más se atrevería a tocar, como las piezas. Es como si nunca hubieran sido niños temerosos de entrar en la pieza del hermano grande de algún amigo, donde siempre estaba oscuro y empapelado de afiches de grupos. Además, a uno siempre le desagradan las cosas que repletan los espacios y llegan a cagar todo, como los chinos o las inmobiliarias. Por eso nos molestan las moscas, porque se meten en las piezas y se comen los almuerzos.
La gente siempre habla de ellas, dicen que viven un día, teoría absolutamente falsa, refutada empíricamente el día que atrapé una en mi pieza por más de una semana. Me cuesta eso de vivir un día, suponiendo que eso que dicen es cierto, una mosca podría calcular exactamente cuanto de su vida quiere dedicar a cada cosa. No puedo dejar de pensar que para las moscas los segundos son más pequeñitos y que lo que vemos como un banal revoloteo puede ser el viaje de una vida. Debe ser horrible ser una mosca y pasar la vida atrapada en la celda de vidrio que se cierra cuando alguien abre una ventana.
Un día había tantas moscas que no se podía estar quieto, así que me puse a matarlas. Aburrido de ver sus cuerpos esparcidos por los muebles y en el matamoscas, tomé el encendedor de la cocina sin muchas expectativas de poder quemar alguna. Recuerdo que vi una parada en el vidrio, le puse la llama muy cerca, sin ánimos de lograr nada, cuando se le prendieron las alas y calló sobre el marco de la ventana. El fuego consumió primero sus patas, que se retorcieron de dolor, luego terminó de matarla bajo agudos chillidos. Nunca imaginé que las moscas pudieran chillar. Vinieron entonces pensamientos como: si las moscas viven un día, o dos, y ésta pasó un par de segundos humanos siendo quemada, no quiero ni imaginar el tiempo mosca que duró su agonía o, peor aun, el porcentaje de su vida que fue dedicado involuntariamente a ser quemada. Después de ver ese espectáculo de mierda me sentí el nazi de las moscas y me fui a comer a otro lado.
Ahora me gusta aspirarlas con la aspiradora: limpio y fácil.

domingo, 4 de marzo de 2012

Maletas

     Al principio cuando me llamaba burgués y todas esas cosas se notaba que lo decía en broma y no me molestaba. Hasta lo encontraba gracioso. Pero después me di cuenta que empezaba a decirlo en serio. Lo cierto es que me resultaba muy difícil compartir la habitación con un tío que tiene unas maletas mucho peores que las tuyas. Lo natural sería que a una persona inteligente y con sentido del humor le importara un rábano ese tipo de cosas, pero resulta que no es así. Resulta que sí importa. Por eso prefería compartir el cuarto con un cabrón como Stradlater que al menos tenía unas maletas tan caras como las mías. 

domingo, 26 de febrero de 2012

De sueños lúcidos

Recuerdo perfectamente el día en el que M. se fue. Estábamos sentados en un paradero de Colón hablando de cómo controlar los sueños. Yo nunca lo había querido intentar, como bien me dijo un amigo una vez, eso no era para mí. M. me escuchó con la mirada perdida en algún sueño antiguo, mientras yo le contaba de esa vez que salté tres veces hasta que atravesé el concreto y desperté; era la primera vez que trataba de volar. M. me dijo que no todos consiguen volar y luego me habló de sus sueños. Me nombró las cosas en las que debería fijarme para saber que estoy soñando y otras en las que hay que pensar para poder mantenerme soñando, lo que según él es lo más difícil de lograr. M. ha volado muchas veces, dice que puedes sentir el viento entre los dedos y que cuando lo controlas, puedes ir a donde quieras. Me gustaba verlo ahí, en ese paradero de mierda, hablando del viento como alguien que recuerda un viejo amigo. Yo lo envidiaba un poco, hasta que descubrí que éramos del mismo tipo de personas. Hay algunos que si les das a elegir cualquier superpoder, dirán que quieren ser invisibles, tener superfuerza o supervelocidad; están otros que no dudan en decir que les gustaría controlar el tiempo; y está ese último grupo de personas que siempre soñará con volar. M. era de los que eligen volar.

domingo, 5 de febrero de 2012

45 - 61

     —Sabe bailar muy bien le dije. Baila ballet. Practicaba siempre dos horas al día aunque hiciera un calor horroroso. Tenía mucho miedo de que se le estropearan las piernas con eso, vamos, de que se le pusieran gordas. Jugábamos a las damas todo el tiempo.
     —¿A qué?
     —A las damas.
     —¿A las damas? ¡No fastidies!
     —Sí. Ella nunca las movía. Cuando tenía una dama nunca la movía. La dejaba en la fila de atrás. Le gustaba verlas así todas alineadas. No las movía.
     Stradlater no dijo nada. Esas cosas nunca le interesan a casi nadie.

. . .

     No me hizo caso. Siguió sujetándome las muñecas mientras yo le gritaba hijoputa como cinco mil veces seguidas. No recuerdo exactamente lo que le dije después, pero fue algo así como que creía que podía tirarse a todas las tías que le diera la gana y que no le importaba que una chica dejara todas las damas en la última fila ni nada, porque era un tarado. Le ponía negro que le llamara tarado. No sé por qué, pero a todos los tarados les revienta que se lo digan

martes, 24 de enero de 2012

Reportaje de mierda.

En la tele salió un reportaje que decía: "Sacrificio de verano". Se me vinieron a la cabeza muchas cosas. Salían unos promotores que tenían que ir a Viña, Reñaca o a La Serena, donde pasarían casi todo su verano trabajando. Todo es terrible para ellos, pasan horas al sol con muy poca ropa, repartiendo weás luciendo hermosos y sonriéndole a la gente aunque no tengan ganas. Las promotoras duermen hacinadas en unos departamentos con vista al mar, viviendo en su propio desorden de toneladas de ropa de marca, el que el par de nanas que tienen no alcanza a limpiar antes de que ellas se despierten por la mañana. La peor parte de todo es hacer el contrato de trabajo. Cuenta Fernanda que una vez la llevaron a La Serena, tuvo que vivir en la playa un mes entero sin pagar absolutamente nada y comer gratis, cuando se acabó su contrato los desgraciados no le quisieron pagar su sueldo. Ahora es más precavida y se asegura de firmar bien el contrato de trabajo para recibir sus tres millones al final del mes de enero. Muestran la "previa", cómo las promotoras sufren en el casting porque no saben si van a quedar o no, están muy nerviosas, saben que es un gran sacrificio el que están haciendo porque el verano es demasiado importante y la jornada de trabajo es agotadora: una horrible experiencia. Algunas incluso deben trabajar TODO el verano para poder pagar ese auto nuevo que se compraron.
No quise seguir viendo, creo que por hoy había tenido sufrimiento de sobra con ese reportaje. Ojalá nunca tenga que trabajar en algo parecido para ganarme la vida.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está