martes, 22 de octubre de 2013

Laberintos

¿Es posible hacer un laberinto perfecto? ¿Un lugar donde siempre estemos perdidos? Pensaba en una ciudad que cambie de color junto con la forma de las casas, donde las horas y las épocas del año nunca se toquen y donde el clima nunca coincida con el desayuno. Estaría todo amarrado subterráneamente a un complejo sistema de engranajes con infinitas combinaciones y la gente iría a trabajar todos los días a oficinas distintas y el tren y los autobuses cambiarían a cada segundo sus rutas. Lo único que podríamos encontrar siempre en su lugar, aunque en formas distinta, sería el centro de la ciudad, ya que éste sólo giraría en torno a sí mismo. Este sistema será tan perfecto que todos los habitantes siempre tendrán a la mano una panadería. Será tan perfecto como un reloj suizo. Será perfecta porque entenderá la duración relativa del tiempo y jugará con ella. Aquí algunas noches podrían durar varias porciones de vuelta del globo y los atardeceres se extenderían varias vueltas al sol, para que todos pudieran apreciar con claridad que cada instante de la tarde tiene un color diferente. La gente no se aburriría ni estaría fastidiada, sólo haría lo que tiene que hacer y trabajaría donde tiene que trabajar. Porque, ¿acaso no les parecen a ustedes igual de arbitrarios este tipo de cambios a las elecciones que hacemos todos los días? La diferencia es que creemos que no lo son porque perduran y les damos importancia. Vivir aquí o acá, en Chile o en Sambia, estudiar en esta o en esta otra universidad o jugar a la pelota con esos que viven cerca. No son más que engendros de una gran arbitrariedad.
En fin, no sé cómo terminar ni empezar.

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 Lo que hubiera sido que se quede donde está