lunes, 9 de agosto de 2010

tu indiferencia es la ignorancia.

La incongruencia está en estar a favor de las leyes mismas, que en sí significan restricciones, pero en contra de cualquier otro método de control. Puede ser debido al concepto mismo de libertad. Pero si no crees ni confías en el actuar del hombre, reprimiéndolo con leyes, ¿Por qué has de reprochar las religiones? ¿No es incluso uno más libre de elegir en qué creer, que de elegir qué leyes te han de restringir? No estoy intentando defender a las religiones, pero dentro de un sistema que es capaz de vender hasta la última gota de agua, ¿No podrían considerarse las religiones como un mal menor?
Donde la democracia es el juego o el pan, da igual, y el sistema económico poco a poco se lleva todo rastro austeridad. Cuando el mundo se vuelve cada día más estúpido, cuando los libros son cada vez más caros y la televisión cada vez más hermosa; el control cae por todos lados. Parece atractivo estar siempre conectados, ya no existen ratos "desocupados"; ya no existe el silencio. ¿Qué puede ser más hermoso? Pero los conceptos se tuercen en intrincadas verdades colectivas, manipulando la existencia hacia un fin esperado por pocos. El poder asesinó a la cordura, y el control amarró el poder a las manos de quienes entendieron, en un designio perpetuo. Si está en desarrollo el apocalipsis de la inteligencia, se puede pensar en la decadencia absoluta de las libertades; sólo queda salvar lo que tengas a la mano. Está dicho y las cartas sobre la mesa, sólo la inteligencia puede liberarnos. Cuando la estupidez es inminente y agradecida, la religión no es más que un pequeño precio de la estabilidad; se transforma en un método antisubversivo más eficaz que cualquier droga. Livianamente se puede pensar que, luego de habernos revolcado en nuestra propia necedad, si aceptas las leyes, cualquier otra forma de estabilidad puede ser válida, mientras no viole las libertades individuales. El libre mercado no tiene nada de libre.
Después de todo, aún no me queda claro si, la ignorancia va de la mano de la esclavitud o de la libertad. Creo que si la ignorancia es común, nos lleva a la esclavitud, pero a una esclavitud feliz, involuntariamente elegida; desconocida. Por la naturaleza de las circunstancias, toda virtud individual que escape de la oscuridad, nos lleva a privarnos de libertad. Y morimos sin importancia mientras nos gobierna un poder absorto de más poder. Muere nuestra idea de libertad.
A todo esto existe un pero que no soy capaz de redactar aún.

domingo, 8 de agosto de 2010

irónico.

Me acabo de dar cuenta que la persona que creó todo este universo, oscuro, de displicencia, no tiene ni una sola palabra en su honor. Me da risa pensarlo, es tan asquerosamente insignificante...

Rabia y más rabia.


Pendejas culias. Aparten ese lenguaje infame, subversivo, peligroso, que me alejan resolutivamente de las tardes ocres con mi hermana. Mundo de mierda, déjala en paz. No quiero tu peso sobre sus infantiles pensamientos; ella no quiere, sé que no, tus asquerosas enseñanzas de libertinaje. Déjala en paz, déjamela. Qué tan malo puedo ser. Déjala tranquila, suave; siempre suave, indefensa. Egoístamente, no puedo dejarla partir, a las miserias de la decadencia de un progreso ciego. Ególatra, como el vuelo de un albatros, solitario, la necesito conmigo; para hacerla perfecta, como yo. Maldita sociedad, déjala en paz. Ella no quiere tus banalidades, ella quiere estar a mi lado por siempre, para juntos jugar, como en antaño, y palidecer bajo las tenues sombras del crepúsculo. Eternamente, sin aborrecer los rastros del alba en nuestros cabellos ya blanquecinos. Hermanos eternamente, enfrentamos incipientes muertes y vidas; como el rojo afronta al azul para evitar vestirse de púrpura, asesinaremos cada diminuto rastro de un púrpura sanguíneo. Libres, por siempre encadenados.

Hoy ten miedo de mi.

En un espasmo breve vuelan por la razón todas mis limitaciones; frustraciones y anhelos íntimamente reprimidos. Evitando cualquier tipo de juicio moral, reduzco las acciones y las trasformo en personas; consigo perfiles tenuemente definidos por un amalgama indefinible, perfiles que sueño. Distingo rasgos que admiro. Admiro a quienes son más inteligentes que yo, más creativos, más altos o más lindos. Admiro a quienes no cuestionan nada y quienes su escepticismo los lleva a finales insospechados. Me gustan los que no toleran la rutina y admiro a quienes pueden soñar con un mañana cada vez más parecido al hoy. Admiro a quienes pueden ir a clases y estudiar como también a quien se atrevió a no estudiar. Admiro a aquellos que no pueden ver las injusticias y a quienes las pueden ver mejor que yo. Amo a los seres que luchan al alba y me fascinan los que soportan cada golpe sin escupir ni un solo pétalo de sombras. Me asombran los que caminan, partidos, con sus entrañas destrozadas, pero aún más quienes enfrentaron a la vida con sangre, y ganaron. Me sobrecoge el amor que enfrenta prejuicios. Me intrigan quienes han matado y admiro a quienes respetar la vida sigue siendo una cuestión inamovible. Admiro la consecuencia y a quienes ni las más sutiles técnicas los pueden hacer contrariarse. Anhelo a aquellos que pueden reír sin dejar de fascinarme quienes parten su alma a voluntad. Me asombran los que siguen sus ideales y los que pueden dejarlos. Desde cierto punto de vista todo tiene un fin y su propio sentido, sea azul o rojo; real o imaginario. Todo tiene algún sentido. Admiro también a todo el que no lo tiene. Yo tan solo soy una burda mescolanza de fracasos y miedos inconclusos.

sábado, 7 de agosto de 2010

Y tocaré de nuevo el viento.

No sabría decir cuando fue la última vez que sentí esta imperiosa necesidad de escuchar una canción; no sabría decir cuando fue la última vez que sentí. Va más allá de todos los deseos, de todas las condiciones existentes y se expandirá por todas mis extremidades mientras no cumpla sus intensiones.
Se saborea el color tornasol de una futura dicha absoluta, mientras me aproximo; aunque dilato absurdamente cada segundo, sé que esto no puede durar ya mucho más...

jueves, 5 de agosto de 2010

frío

Volví a los vicios pasajeros, y con ellos vuelvo a sentir, nada. Dentro de la nada, la parte de sentir me consuela. Al momento de revivir, creí que no extrañaría nada. Bastó nada más que un segundo, para encontrarme con todos esos intentos, hablándome paralelamente. Entonces empiezo a recordar el porqué de mi disidencia. Se abren los vacíos de este mundo ficticio; creado y vendido dentro de mi. Se descomponen en partes los sentimientos reales, volviéndose todo, la farsa que anhelaba. Entiendo porque tanto lo odio, porque me recuerda todo lo que tengo. Al final comprendo, que la mentira la vivo como renegado, en una falsa comedia de una vida con sentido. Sin poder superar mis miedos, sigo marginándome en un proceso cíclico, que no me llevará a ningún lugar más que a unos metros de estas letras.

martes, 3 de agosto de 2010

 Lo que hubiera sido que se quede donde está