domingo, 8 de agosto de 2010

Hoy ten miedo de mi.

En un espasmo breve vuelan por la razón todas mis limitaciones; frustraciones y anhelos íntimamente reprimidos. Evitando cualquier tipo de juicio moral, reduzco las acciones y las trasformo en personas; consigo perfiles tenuemente definidos por un amalgama indefinible, perfiles que sueño. Distingo rasgos que admiro. Admiro a quienes son más inteligentes que yo, más creativos, más altos o más lindos. Admiro a quienes no cuestionan nada y quienes su escepticismo los lleva a finales insospechados. Me gustan los que no toleran la rutina y admiro a quienes pueden soñar con un mañana cada vez más parecido al hoy. Admiro a quienes pueden ir a clases y estudiar como también a quien se atrevió a no estudiar. Admiro a aquellos que no pueden ver las injusticias y a quienes las pueden ver mejor que yo. Amo a los seres que luchan al alba y me fascinan los que soportan cada golpe sin escupir ni un solo pétalo de sombras. Me asombran los que caminan, partidos, con sus entrañas destrozadas, pero aún más quienes enfrentaron a la vida con sangre, y ganaron. Me sobrecoge el amor que enfrenta prejuicios. Me intrigan quienes han matado y admiro a quienes respetar la vida sigue siendo una cuestión inamovible. Admiro la consecuencia y a quienes ni las más sutiles técnicas los pueden hacer contrariarse. Anhelo a aquellos que pueden reír sin dejar de fascinarme quienes parten su alma a voluntad. Me asombran los que siguen sus ideales y los que pueden dejarlos. Desde cierto punto de vista todo tiene un fin y su propio sentido, sea azul o rojo; real o imaginario. Todo tiene algún sentido. Admiro también a todo el que no lo tiene. Yo tan solo soy una burda mescolanza de fracasos y miedos inconclusos.

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