miércoles, 25 de agosto de 2010

guitarra

Guitarra café y roja, ¿por qué volteas? ¿por qué me abandonas? Ahí colgada, me das la espalda. Con tus clavijas relucientes de luz. Tus curvas reflejan los contornos de mi habitación, vacía de pena; me tientan a volver por ti. Tan bella, tan perfecta, tu color desorbitante me muestra imperfecto, asustado, ingenuo...
Quiero que hagamos las paces, pero por más que lo intento, no consigo despertarme de ese sueño de compases fulminantes, que asesinan lo nuestro. Ambos somos culpables, o tal vez ninguno, ¿quién sabe? El mundo es un lugar injusto... Sólo tú puedes hacerme volver, trae contigo esos acordes mágicos que me dan vida verdadera. Perdóname, acéptame por fin de vuelta... porque sé que tú tampoco puedes vivir sin mí, te han hecho para mí, como a mí para ti... Maldita orgullosa, revivamos este pacto de sangre que nos dejaba vivir. No seas obstinada; nadie te cambiará las cuerdas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 Lo que hubiera sido que se quede donde está