jueves, 28 de octubre de 2010

Li Qian escribió la siguiente descripción de su experiencia personal mientras trabajaba en Xin Qiao Electronics, una fábrica de Shenzhen que hace abrelatas para la compañía Faberware, con sede en EE.UU. Li trabajó en la fábrica en 1999 y 2000. Traducido para Rebelión por Pablo Ramos Alba

La alarma suena a las 7 en punto. Todavía estoy muy dormido y quiero dormir un poco más. Cinco minutos más. Tengo que levantarme. Voy de prisa al váter. Está ocupado. Hay otra persona en el baño. Dieciséis personas vivimos en un cuarto pequeño, luchando por el turno, uno tras otro intentando entrar. Acabo de peinarme con esmero y voy a la planta de producción. Los trabajadores se saltan el desayuno casi siempre para ahorrar tiempo y dormir un poco más. No me importa mucho el dinero, pero quiero descansar un poco más, ya que los turnos de noche se prolongan hasta muy tarde. Los 10 minutos del desayuno significan mucho para mi.

Se tardan ocho minutos en cubrir la distancia entre los dormitorios y la planta de producción. Los trabajadores recorren el camino a paso muy ligero. Tenemos que estar en la planta a las 7.30am. Un minuto de retraso nos costaría 20RMB [€2], casi la paga de un día de trabajo. Mi sección está en la cuarta planta del edificio y en ella hay 400 trabajadores. Cuando entro, casi todos los compañeros de trabajo ya están preparados. Todavía quedan dos o tres minutos. Encuentro un lugar para sentarme un momento, ya que una vez que empieza la producción, no tenemos tiempo para sentarnos.

La campana suena a las 7.30. La producción empieza. El capataz del equipo nos grita “¡Más rápido, más rápido!”. Producimos abrelatas Faberware. Hay 23 personas en mi equipo. Yo ayudo en el embalaje, que es el último paso, poniendo el producto final en el paquete.

Desde el primer momento, mis manos no paran de trabajar . En otros tiempos, se permitía a los trabajadores estar sentados. Sin embargo, la dirección se dio cuenta que los trabajadores eran más productivos de pie. Quitaron las sillas. Tenemos que estar de pie todo el día.

Ya llevo tiempo en este trabajo y todavía mis pies se resienten después de dos horas. Tengo una pequeña pieza de madera, en la que apoyo los pies. Ayuda un poco a descansarlos. La muchacha al lado mía lo cogió porque llegué tarde. Después de un rato me empiezo a sentir fatal y le suplico que me devuelva el trozo de madera. Le ruego pero se niega en redondo. El capataz se da cuenta de la situación pronto y nos increpa: “¡¿Qué estáis hablando? Cerrad la boca!”. Un reglamento de la fábrica es que no se puede hablar durante la producción o se nos impone una multa.

El capataz ha estado ayudando al inicio de la línea. Así presiona más al resto, ya que trabaja más deprisa y todos tienen que seguir su ritmo.

Sin el trozo de madera, tengo que buscar alguna forma de descansar los pies. La única manera de hacerlo es yendo al baño. Solicité permiso al capataz hace cuatro días. No estoy seguro. Vacilo. A lo mejor a la tarde. Ya son las 11 en punto. El almuerzo es en una hora. Lo llevo esperando toda la mañana. Cada minuto parece un siglo. Las doce. Ya está sonando la ansiada campana.

Corro hacia la cantina. Todo el mundo está corriendo. Hay mucha gente antes que yo. Me uno a la larga cola. Es una cantina muy pequeña, incapaz de proveer comida para una fábrica con 3,500 trabajadores. Alrededor de 1,000 obtendrán su almuerzo. Los otros dos tercios más rezagados tienen que andar 20 minutos para comer algo. Nuestros salarios son bajos y la comida es cara. Un plato de comida sale por 2RMB [€0.2]. No hay mucho que comer en el plato. No hay mucho arroz. Los que necesitan comer más tienen que repetir. Hay un poco de aceite con algunos vegetales. La carne es escasa. Solo se ven las grasas. Los trabajadores no se las pueden comer. Algunas veces hay arena en el arroz. Si no tienes cuidado, la arena te daña los dientes y la lengua. Solo hay un poco de col en el almuerzo de hoy. Me alimento con eso y ya son las 12.40. Para ahorrar tiempo me tiendo en el césped cerca de la cantina a tomar la siesta.

Por la tarde, la producción empieza a las 1:30pm. Voy a mi sección a las 1:15 pensando en el trozo de madera. Resulta que la muchacha ha llegado antes y ha reclamado el trozo de madera como suyo.

Desde que empieza el turno de tarde, no dejo de calcular cuánto tiempo queda para terminar el día. A cada minuto me digo a mi mismo que debo aguantar. Las tres y media parecen indicar el fin de mi empeño. Necesito ir al baño para descansar un poco. Pido permiso. El capataz me mira atravesado y me da cinco minutos. Él ocupa mi posición cuando me voy, porque de otra forma la línea de producción tiene que pararse. El baño está en la misma planta. Hay solo dos baños para 400 personas. Hay otros antes que yo con el mismo deseo de descansar un poco. Doy vueltas durante cinco minutos. No quiero usar el baño, solo quiero descansar un poco. Lo más importante son mis pies. Vuelvo a mi posición.

El turno de tarde finaliza a las cinco y media. Voy de prisa a la cantina. La misma comida. Me la llevo al cuarto y como tendido en la cama. Mis compañeros de habitación también están de vuelta, demasiado cansados para hablar.

El turno de noche empieza a las seis y media. La cuota diaria para nuestro equipo es de 1,400 abrelatas. Yo he contado más de 900 hoy. Todavía quedan más. Después de tres horas, cuando ya se va poniendo el día, me siento con más ánimos. Miro el reloj constantemente. Las 10:30 señalan el final. Espero que no me toque limpiar durante otra penosa hora. Bueno, les ha tocado a otros cinco compañeros de trabajo. Algunas veces, cuando hay mucho trabajo, las horas extras rebasan la medianoche y el capataz le grita a todo el mundo, pero no hoy. Ha sido un buen día.

Me voy de vuelta a mi cuarto. Soy el primero. Tomo una ducha. Hay 8 literas para 16 personas. Entre ambas líneas de literas solo hay un estrecho pasillo que solo permite andar a una persona. Este es el único sitio para reposar y dormir. Me voy a la cama. Estoy muerto de cansancio. Pero aun así, ha sido un buen día. Rezo en silencio. Le doy las gracias a Él por este día. Caigo dormido en un minuto.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Me doy asco, yo y mi dinero. Serán ciertos los miedos de ayer. Algún día volverá la realidad a consumirme; nunca lo ha hecho. Estoy jugando a la revolución... quiero llorar toda la mierda, todas mis cosas, todo el dinero que me maldice. Maldito mundo de mierda que me etiqueta, que no me conoce aunque lea lo más profundo de mi alma. No ha servido de nada ¿qué más puedo hacer para decir la verdad? ¿Nadie me cree? Acaso nadie me conoce más que por fuera. Me acerco de nuevo a mi realidad; esa que nadie comprende. Odio. Inconsecuencia. El mundo que no entiende, el mismo que nace de esa cuba que no quiere entender. Maldición infinita. Muérete y llévame contigo, pero a un lugar distinto. Inmundicia que compras la verdad, dale un sentido a mi muerte.

martes, 26 de octubre de 2010

sombras

No siento nada y no puedo ver mis dedos. No puedo alejarme más que de la punta de mi nariz ¿qué sentido tendría viajar acostado? Tocar guitarra en silencio escuchar mi voz; afónica de muerte. Veo sombras ajenas que me siguen incesantes, mientras vuelo por mi habitación, atado a la vida, por el cordón de mis zapatos. No puedo ser libre. Puedo verme, tomarme de las manos y viajar a la oscuridad sincera. Muerte de la carne, que se horroriza al paralizarse dormida, cuando la realidad se percibe siniestra. Entonces me despierto para gritar lo que se atragantaba en mi garganta, estrujando el aire. Me asustan los pasos; se acercan. Caminan a mi alrededor, escucho puertas chocar en el silencio. Busco vagamente a los responsables, mientras oscilan mis ojos inútilmente perdidos entre la noche. Mi propia respiración me estremece; se agita. Ya no entiendo cual fue la realidad.

domingo, 24 de octubre de 2010

Tripin

Viajar a dedo es como un paso eterno por la vida: te prueba. Naces ciego, parado estúpidamente tieso, en una carretera carente de sentido. No puedes ver nada, no sabes nada. Tienes miedo a todo; los ruidos te estremecen; los extraños te atormentan. Ves pasar, con tus ojos que no pueden ver, autos llenos de vida, veloces y automáticos. Te sientes menos, no eres nadie más que lo que llevas puesto. Pero la vida decide darte una oportunidad y ya no hay vuelta atrás; con tu primer auto aprendes a caminar, ciego aún, te cuesta trabajo aprender a hablar.
Viene una vida difícil y lo sabes, la niñez fue dulce, llena de sol y de verdes hermosos. El paisaje se ve por primera ves distinto, más sepia, más tuyo. Es distinto mirar por la ventana cuando sientes el viento; cuando no es tu auto; cuando todo es incierto. Entonces no existe ni un mañana ni un ayer porque el ahora es demasiado fuerte. Eres un niño.
Repentinamente corta tu infancia la realidad, el hambre o la desesperación, y con los problemas entras a la verdad; llegó la adolescencia. Muchos mueren, existe la muerte y es voluntaria y accesible. El juego de estar en el filo de la existencia puede ser largo o muy corto y depende del azar. La vida a veces puede ser muy dura y con cada segundo se hace peor y peor el hambre y la desesperación. Odias al mundo igual que un quinceañero rebelde. Pero sonríes una vez más y mueren junto con el odio, todos los existencialismo que te has planteado en ese relativo lapso de inseguridad, porque por fin la suerte está de tu lado otra vez; porque has decidido seguir viviendo.
Cansado ya maduro, entiendes porque todo ya tiene sentido. Mueren las dudas. Te has construido tu vida, y eres lo que fuiste en este día de sol. Conoces el camino. No existe el tiempo para cuestionarse, no es posible dudar. Aún tienes hambre, porque no todo está resuelto y aún asechan con una guadaña a cuestas los buses implacables, vestidos de negro asesino.
Por fin, muere con el sol, tu día y tu vida. Se apagan la verdad y las dudas. El sin sentido de recuerdos no es más que un sueño pasajero. Convergen todas las emociones a un final anhelado y completo; la muerte perfecta. Se acaba la historia de tu vida y todo se escapa de tus manos bajo tu control. Te ciega el sol entre las montañas o escondiéndose en el mar, mientras te quema el viento y el frío de infierno, mas nada parece real. No sientes nada además de lo que ves al cerrar los ojos. Cada viaje es una vida completa; una vida nueva. Cada día es una vida y una muerte. Se duerme el destino con la muerte del sol, que asesina tu día y tu viaje. Mañana será otro día, otras dudas, otro viaje. No puedes olvidar, nunca, que el sol te da la vida y también te la quita.

viernes, 22 de octubre de 2010

Caro 2/5

Una vez agradecí que no te hubieses transformado en una costumbre; apenas te conocía. Sabía que no debía aprender a vivir de ti y por esas divinidades del azar nunca alcancé a necesitarte. Nuestra farsa nunca pasaba de unos cuantos mensajes cobardes, que en el fondo contaban nuestra historia, ¡qué patético! No sabría decir que hubiese pasado si hubieses formado parte de mi día, pero definitivamente mi opinión de ti sería muy distinta.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Odio al mundo cada vez que escucho una canción que ya no me estremece. ¿Por qué todo se tiene que echar a perder? Todo lo mágico se revela y muere, como un rollo fotográfico expuesto al sol; como un secreto a voces en el tiempo. Estúpido mundo asqueroso de ilusiones y apariencias.

Sabía

Sabía que llegaría este día. Ya no tengo nada lindo que decir de ti, tampoco te odio; no siento nada por ti. Todo fue un error. Me arrepiento de lo que perdí y de en lo que me has convertido. Olvidé muchas cosas; me olvidaba del mundo a tu lado, pero no estoy aquí para decirte cosas lindas. Me di cuenta que no fuiste más que un anhelo de encontrar lo que no existe. No eres esperanza ni un final; tan solo el camino fácil de una búsqueda sin destino. Ya no te recuerdo aun cuando lo intento; por fin te has ido para siempre. Entonces se destruye con quien eres la realidad y eso te aleja. Te lo advertí en mis cartas, pero cuando las escribí mentía para salvarme, porque yo lo creía imposible. Ya no quiero visitarte en sueños; ya no lo intentaré más. No fuiste más que una burla del destino. Me arrepiento de haber estado en lo cierto. No eres ni la mitad de lo que eras, ya no eres nadie. No eres interesante ni entretenida, sólo te quedan tus lindas facciones. Me agrada, sí, saber que los peros eran verdaderos; incipientes enfermedades contagiosas, asesinas de la libertad. Sigo siendo yo; disminuido y nuevo. Al final, siempre tuve razón.
Ojalá vuelvas, te necesito para seguir con esto aquí plasmado y te lo debo todo a ti. Me gustaría recordarte para sentir que todo no fue en vano. Me gustaría poder escribir de ti. Me gustaría terminar lo que quise empezar. Tal vez cuando ya no te pueda ver te conviertas en un bonito recuerdo; cuando ya nada tenga más importancia que mirar el sol pintar las nubes al viento.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está