No siento nada y no puedo ver mis dedos. No puedo alejarme más que de la punta de mi nariz ¿qué sentido tendría viajar acostado? Tocar guitarra en silencio escuchar mi voz; afónica de muerte. Veo sombras ajenas que me siguen incesantes, mientras vuelo por mi habitación, atado a la vida, por el cordón de mis zapatos. No puedo ser libre. Puedo verme, tomarme de las manos y viajar a la oscuridad sincera. Muerte de la carne, que se horroriza al paralizarse dormida, cuando la realidad se percibe siniestra. Entonces me despierto para gritar lo que se atragantaba en mi garganta, estrujando el aire. Me asustan los pasos; se acercan. Caminan a mi alrededor, escucho puertas chocar en el silencio. Busco vagamente a los responsables, mientras oscilan mis ojos inútilmente perdidos entre la noche. Mi propia respiración me estremece; se agita. Ya no entiendo cual fue la realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario