Una vez agradecí que no te hubieses transformado en una costumbre; apenas te conocía. Sabía que no debía aprender a vivir de ti y por esas divinidades del azar nunca alcancé a necesitarte. Nuestra farsa nunca pasaba de unos cuantos mensajes cobardes, que en el fondo contaban nuestra historia, ¡qué patético! No sabría decir que hubiese pasado si hubieses formado parte de mi día, pero definitivamente mi opinión de ti sería muy distinta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario