Que repugnante es la televisión chilena, me avergüenza, tan mediocre; sensacionalista. El periodismo: basura que busca sensibilizar baratamente, con historias fáciles de redactar y con hechos que se escriben solos, para que nadie, ni ellos mismos, tengan que darse el trabajo de pensar, y por supuesto, ojalá, quitarle cualquier importancia real, limitándose a los hechos superficiales, para eliminar cualquier matiz social de las noticias que nos puedan llevar a algún tipo de reflexión. Para alejarnos de la política y de pensamientos subversivos, entendiendo subversivos como cualquier tipo de pensamiento, se nos distrae, gratamente, con un infinito de colores y emociones, como con una especie de droga alucinógena llamada estupidez.
Mueren trabajadores a diario en botes pesqueros, en sierras y bosques. Murieron miles en 1907 y murieron miles más, trabajando con una pala y una picota, sacando ese carbón que comenzó la destrucción del mundo. Veo, con nauseas, como la gente compra ese revoltijo de emociones que les vende la tele, sintiéndose más humanos que nunca, luchando por esa causa común de sentirse conmovidos por algo. El país se une, una vez más, bajo las hermosas imágenes de una transmisión en conjunto, bajo el alero de otro desastre, sin detenerse a pensar, en un instante imposible, el porqué... eso en realidad, no tiene importancia alguna.
Mientras el país se entretiene, luego de horas de la misma mierda, se acallan las voces de revolución, a lo largo de lo últimos seres pensantes. Mientras el país se conmueve, la vida sigue, igual de miserable, igual de puta e implacable, llevándose con ella a los mismos de siempre, que no serán rescatados por el gobierno de chile; a los mismos que olvidamos cada vez que prendemos la tele.
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