domingo, 24 de octubre de 2010

Tripin

Viajar a dedo es como un paso eterno por la vida: te prueba. Naces ciego, parado estúpidamente tieso, en una carretera carente de sentido. No puedes ver nada, no sabes nada. Tienes miedo a todo; los ruidos te estremecen; los extraños te atormentan. Ves pasar, con tus ojos que no pueden ver, autos llenos de vida, veloces y automáticos. Te sientes menos, no eres nadie más que lo que llevas puesto. Pero la vida decide darte una oportunidad y ya no hay vuelta atrás; con tu primer auto aprendes a caminar, ciego aún, te cuesta trabajo aprender a hablar.
Viene una vida difícil y lo sabes, la niñez fue dulce, llena de sol y de verdes hermosos. El paisaje se ve por primera ves distinto, más sepia, más tuyo. Es distinto mirar por la ventana cuando sientes el viento; cuando no es tu auto; cuando todo es incierto. Entonces no existe ni un mañana ni un ayer porque el ahora es demasiado fuerte. Eres un niño.
Repentinamente corta tu infancia la realidad, el hambre o la desesperación, y con los problemas entras a la verdad; llegó la adolescencia. Muchos mueren, existe la muerte y es voluntaria y accesible. El juego de estar en el filo de la existencia puede ser largo o muy corto y depende del azar. La vida a veces puede ser muy dura y con cada segundo se hace peor y peor el hambre y la desesperación. Odias al mundo igual que un quinceañero rebelde. Pero sonríes una vez más y mueren junto con el odio, todos los existencialismo que te has planteado en ese relativo lapso de inseguridad, porque por fin la suerte está de tu lado otra vez; porque has decidido seguir viviendo.
Cansado ya maduro, entiendes porque todo ya tiene sentido. Mueren las dudas. Te has construido tu vida, y eres lo que fuiste en este día de sol. Conoces el camino. No existe el tiempo para cuestionarse, no es posible dudar. Aún tienes hambre, porque no todo está resuelto y aún asechan con una guadaña a cuestas los buses implacables, vestidos de negro asesino.
Por fin, muere con el sol, tu día y tu vida. Se apagan la verdad y las dudas. El sin sentido de recuerdos no es más que un sueño pasajero. Convergen todas las emociones a un final anhelado y completo; la muerte perfecta. Se acaba la historia de tu vida y todo se escapa de tus manos bajo tu control. Te ciega el sol entre las montañas o escondiéndose en el mar, mientras te quema el viento y el frío de infierno, mas nada parece real. No sientes nada además de lo que ves al cerrar los ojos. Cada viaje es una vida completa; una vida nueva. Cada día es una vida y una muerte. Se duerme el destino con la muerte del sol, que asesina tu día y tu viaje. Mañana será otro día, otras dudas, otro viaje. No puedes olvidar, nunca, que el sol te da la vida y también te la quita.

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