Durmiendo, entre alucinaciones y sueños, recorrí con nostalgia las calles de una Cuba que no recordaba. En momentos de lucidez despertaba para cambiar de escena. Conducíamos por las avenidas de algo que en otro momento parecía Providencia, manejando un bus sin asientos ni pasajeros; amplio y suave. Los edificios, que ahogaban las estrechas calles, se extendían por infinidad de manzanas, todos adornados en sus aceras por frondosos árboles, esos típicos de metrópolis artísticas. Creo que estábamos en Cuba porque ahí es donde me gustaría estar, pero esta vez era distinto; nostálgico, como si supiera que todo no era más que un sueño. No quería despertar, no podía volver a la realidad y ver como mis viajes chocaban con mis recuerdos. Malditos sueños que se burlan, que idealizan hasta desangrar de pena. Quiero volver ahí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario