jueves, 25 de noviembre de 2010

Mientras se evaporan los suspiros sobre el infernal pavimento, hay alguien distinto; alguien que no está en la fila. Lleva puesta una polera grande, demasiado grande para alguien tan pequeña. Caminaba mirando el suelo, para no encontrarse con los ojos de nadie; sus gastadas chalas acariciaban suaves el suelo al andar. Cansada y vacilante, deambulaba recogiendo latas entre las multitudes escépticas. Como un fantasma atraviesa la verdad y la oscuridad, buscando ese preciado aluminio que tan poco vale. Ella vive en el mundo real; hermosa y frágil, podría ser mi abuela.
Entonces, ¿quienes son los fantasmas? Nuestro mundo no es de este mundo, ajeno a las guerras o al hambre; somos de un lugar donde no nos pesan los pies.

sábado, 20 de noviembre de 2010

locuras II

Recuerdo haber estado exhausto por el inclemente calor que derretía las esperanzas de las estrechas calles de piedras coloniales. Me senté afuera de una casa, apoyado en sus paredes mirando una peculiar estatua de un pirata, mientras mi papá entraba a caer de nuevo en los enmarañados juegos de los locales que buscaban resaltar de entre sus miserias. El pirata me llamó en particular la atención, no podía parar de mirarlo, con una cartera al hombro llena de papeles importantes, una la larga y extraña capa al viento y su pelo amontonado, atípico en esas latitudes. Aparecían todo tipo de personas a rodear la estatua; las personas más heterogéneas que jamás había visto. Decían las susurrantes voces del viento, que al mirarlo a los ojos y pedir un deseo mientras le tocas un dedo que apuntaba a la nada, éste cumplía tu deseo o simplemente te traía buena fortuna, si no eras tan ambicioso como para saber exactamente lo que querías. Parecía algo muy divertido para los chinos y españoles que pasaban a sacarse fotos o para las europeas o gringas que sin entender nada, o tal vez ebrias, lo abrazaban sin el más mínimo respeto o vergüenza. Nadie se sentó a mirar y a entender quien realmente era: un ser de piedra, oscura, tan negra como la tez de su pueblo y tan poderoso como el Dios que veneraron por siglos de implacables domingos de iglesia. Mientras Dios se ha olvidado de quienes más han creído en él, una nueva esperanza nace insurgente, pero silenciosa e incipiente; violenta y revolucionaria, pero demasiado hereje como para ser confesada. Pude ver en esa esquina la verdad, más sincera que cientos de soles, en los ojos de quienes podían escapar de la realidad al mirar la piedra a los ojos y soñar. Cuando la fe, simplemente no pudo mover montañas o no pudo sacar a sus hijas de la prostitución, un deseo se convierte en Dios, y así, Dios es sólo una simple expresión de la esperanza de conquistar las alturas. Dios nace del hombre y de su inseguridad por su frágil condición, por la necesidad de controlar todo eso que no está a su alcance, en su constante búsqueda por entender todo eso que no puede explicar. Sin comprender como algo tan abstracto como Dios se uniformó bajo una verdad tan absurda, entendí, aquel día, que Dios nace y muere y vuelve a nacer, reencarnado en lo que no conocemos. Dios llena los vacíos de verdades, completa todas aquellas incertidumbres, asesinando las vacilaciones, porque él maneja todo eso que nosotros no; como una estrella fugaz que muere cuando ya nos ha dado suerte y que el miedo nos hace volver a buscar en la oscuridad celeste. No sé qué es exactamente Dios, pero sé que lo conocí aquel día; lo vi, de piedra sólida, parado inmóvil en la acera contraria mirando al vacío.
La verdad en las lágrimas de una anciana, han creado un Dios, más cierto que el que he podido ver en los ojos de cualquier cura. Un Dios, interior y verdadero, que no carga con prejuicios de siglos, que nace del amor. Él jamás la engañara, porque nunca le ha prometido nada, tan sincero como lo que la anciana le pedía en su oración herética. Allí observando, yo sólo quería pedirle a Dios que sus sueños se cumpliesen y en ese momento, tal vez yo fui su verdadero Dios, pero eso nunca lo sabremos.

martes, 16 de noviembre de 2010

El viento se burla afuera, moviendo el árbol que solía hacerme partir; ya volveré contigo.
Ligeramente sombría se difama una verdad incómoda, que difiere de la completa nostalgia que todos en la sala sobreentendían. Las palabras entran y salen mientras tomo apuntes de mi cabeza, para no olvidar ninguna idea que se sobrepone a los mugrientos ruidos que no lograron distraerme. Se entrelazan verdes sueños entre teorías ridículas de cosas obvias y teoremas absurdos, irresponsablemente generalizados.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Con qué sacio esta sed como de aire que me ahoga? Es una sed que no desaparece con el agua ni con el viento, se asemeja en parte, al yugo que pesa sobre la elección de mi esclavitud pactada.
Ya no sé dibujar, así, no me queda nada más que poder escribir para demostrarme cuanto odio estar aquí; cuanto no quiero escuchar. A la fuerza se oprimen mis pensamientos mientras me aferro a ellos tratando de no entender nada de este lugar. Tengo que soñar algo, que cubra a todos los que me rodean y que no me permita escuchar nada más. Sé que es posible; tengo que dormirme... Busco eso, como cuando se apaga el ruido, esa molesta interferencia, con una explosión, como un corto repentino en esas voces que me atormentan. Y luego, el silencio. El anhelado éxtasis; precioso vacío, cuando sin más analogías se me corta el aire dentro, como en un segundo imperecedero se me escapa el alma.
Al final de mucho divagar, las palabras, por fin, se convirtieron en sólo palabras.
Por favor entiende de una vez que no quiero de esos rizos obedientes.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está