jueves, 25 de noviembre de 2010

Mientras se evaporan los suspiros sobre el infernal pavimento, hay alguien distinto; alguien que no está en la fila. Lleva puesta una polera grande, demasiado grande para alguien tan pequeña. Caminaba mirando el suelo, para no encontrarse con los ojos de nadie; sus gastadas chalas acariciaban suaves el suelo al andar. Cansada y vacilante, deambulaba recogiendo latas entre las multitudes escépticas. Como un fantasma atraviesa la verdad y la oscuridad, buscando ese preciado aluminio que tan poco vale. Ella vive en el mundo real; hermosa y frágil, podría ser mi abuela.
Entonces, ¿quienes son los fantasmas? Nuestro mundo no es de este mundo, ajeno a las guerras o al hambre; somos de un lugar donde no nos pesan los pies.

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 Lo que hubiera sido que se quede donde está