Ya no sé dibujar, así, no me queda nada más que poder escribir para demostrarme cuanto odio estar aquí; cuanto no quiero escuchar. A la fuerza se oprimen mis pensamientos mientras me aferro a ellos tratando de no entender nada de este lugar. Tengo que soñar algo, que cubra a todos los que me rodean y que no me permita escuchar nada más. Sé que es posible; tengo que dormirme... Busco eso, como cuando se apaga el ruido, esa molesta interferencia, con una explosión, como un corto repentino en esas voces que me atormentan. Y luego, el silencio. El anhelado éxtasis; precioso vacío, cuando sin más analogías se me corta el aire dentro, como en un segundo imperecedero se me escapa el alma.
Al final de mucho divagar, las palabras, por fin, se convirtieron en sólo palabras.
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