domingo, 6 de marzo de 2011

Caí un par de segundos, luego de resbalar al borde del acantilado. Dicen que puedes ver toda tu vida antes de morir, pero yo sólo atiné a proteger mis gafas de ese futuro impacto. Las nubes se escapaban de mis manos como arena y antes de poder pensar algo más, llegó. Lo último que pude ver fueron unas cuantas niñas horrorizadas, viendo como en una fracción de un segundo imperecedero, me despedazaba contra el concreto. Sentí como eternamente se desgarraba cada centímetro de mi cuerpo hasta llegar a mi cabeza.
Desperté en otro lugar, más allá de lo que entiendo, rodeado de seres grises con heridas de muerte. Bajo una carretera yacía lo que fui hasta ese día. Caminaba un par de metros buscando calor, cuando desperté definitivamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 Lo que hubiera sido que se quede donde está