lunes, 7 de marzo de 2011

discordia

No pude evitar verla a mi lado, lavando platos conmigo, cuando estuve por fin solo. No teníamos detergente, pero eso no importaba, porque en el fondo, nuestras intenciones no eran esas. Bajo nuestra ilusión de un blanco ingenuo, seguimos lavando platos eternamente. Caía el agua a pedazos de una ridícula manguerita amarilla o de una llave, eso es irrelevante en mis delirios, porque exactamente ahí comenzamos a encontrarnos; estuviera ahí o no, ahora o ayer, eso se confunde en mis escapes. Desde ese día que no puedo parar de lavar los platos y, a veces, me gusta cuando quedan con grasa, así como aquel día en que nuestras nuestras risas fueron discordantes con todo eso que creíamos correcto hasta ese momento. Si leyeras esto, ¿sabrías que hablo de ti?


No hay comentarios:

Publicar un comentario

 Lo que hubiera sido que se quede donde está