Un día cualquiera, cuando ya no era de día, me pregunté si podía morir. Una mañana, simplemente regresé de la muerte. Me preguntaba aquel día, cuántas veces podría morir en un sueño hasta ya no poder volver a soñar. Cuando la realidad que veo es mi realidad, que trasciende transversalmente, asesinando cada verdad que tengo, entonces, ¿cuántas verdades he de matar hasta matarme completamente?
No hay comentarios:
Publicar un comentario