miércoles, 27 de abril de 2011

En el planeta del sonido.

Sonaba el silencio inexorable que se escucha en el ojo de una tormenta, cuando sorpresivamente todo se volvió efervescente, en una marejada de notas y acordes disonantes que revolucionaban los pasos de las gentes atareadas sin que ellas lo notaran. Era como estar dentro de un microondas que obligaba hasta a la más ínfima parte de mí a hervir y a hacer explotar mis poros. Todo parecía normal para las cámaras de seguridad que vigilaban los pasillos, porque no alcanzaban a distinguir la malicia que evocaba mi sonrisa ni la suspicacia que se escapaba a borbotones por mis ojos. Intentaba disimular el paso al andar y no mover la cabeza con los golpes de la caja, pero mientras más contenía esa fuerza irrevocable, más resuelta volvía por librarse al fin y hacerme saltar sobre las plantas o arrojarme al pasto violentamente al compás de la música.

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¡Y la burguesía dice que la abolición de semejante estado de cosas es abolición de la personalidad y de la libertad! Y con razón. Pues se trata efectivamente de abolir la personalidad burguesa, la independencia burguesa y la libertad burguesa.

domingo, 24 de abril de 2011

Revoluciones.

No me puedo resistir a esta cautivante oscuridad que me regala el balcón del hotel. Sometido al agua que se me mete por la punta de los dedos y por dentro de los pulmones, espero el próximo relámpago tratando de adivinar de qué color pintará el cielo.

hola

viernes, 22 de abril de 2011

Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución cubana


Atilio Borón, Argentina


En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban que se había producido una sublevación de la fuerza aérea “de Castro” y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más “progresista” del partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos para “normalizar” la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya estaba en marcha.

Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada mercenaria que con absoluto descaro la CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un año desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales denominarían eufemísticamente como “cambio de régimen.” En Marzo de 1960 –apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana- el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros, bandidos o lúmpenes que la CIA utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se crearon varias “unidades operativas”, eufemismo para no llamar por su nombre a bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes, invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista, clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lo creían antes, y lo creen todavía hoy. Lo creía el católico John Kennedy y el metodista George W. Bush. La única excepción conocida de alguien no infectado por el virus mesiánico es la de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, hombre práctico si los hay, quien dijo, en memorable frase, que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes,” algo que los gobiernos “pitiyankees” de nuestros países deberían memorizar. (Recordar que este Adams, hijo del segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, fue también Secretario de Estado del presidente James Monroe, y colaboró activamente en la formulación de la doctrina que lleva su nombre).

Delincuentes, retomando el hilo de nuestra argumentación, como Luis Posada Carriles -uno de los más conspicuos criminales al servicio del imperio, terrorista probado y confeso, autor intelectual, entre muchos otros crímenes, de la voladura del avión de Cubana en 1976, con 73 personas a bordo- quien hace apenas unos días fue absuelto de todos sus cargos y disfruta de la más completa libertad en los Estados Unidos. Como si eso fuera poco Washington tampoco lo extradita para que pueda ser juzgado en Venezuela, país cuya nacionalidad había adoptado durante el transcurso de sus fechorías. Barack Obama, indigno Premio Nobel de la Paz, protege a los verdugos de nuestros pueblos hasta el final de sus vidas mientras mantiene en prisión, en condiciones que ni siquiera se aplican a un asesino serial, a los cinco luchadores antiterroristas cubanos. Gesto ignominioso el de Obama, pero que tiene un lejano antecedente: en 1962, luego de la derrota sufrida por el ejército invasor reclutado, organizado, entrenado, armado y financiado por los Estados Unidos los prisioneros que habían sido capturados por las milicias revolucionarias cubanas fueron devueltos a los Estados Unidos ¡para ser recibidos y homenajeados –sí, homenajeados- por otro “progresista”, el presidente John F. Kennedy! El fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy, para no ser menos que su hermano mayor, invitó a esa verdadera “Armada Brancaleone” de matones y bandidos a integrarse al ejército norteamericano, cosa que fue aceptada por gran parte de ellos. No sorprende, por lo tanto, que periódicamente aparezcan tenebrosas historias de atrocidades y vejaciones perpetradas por soldados estadounidenses en diversas latitudes, las últimas conocidas hace apenas un par de días en Afganistán y antes en Abu Ghraib; o que durante la Administración Reagan-uno de los peores criminales de guerra de los Estados Unidos, según Noam Chomsky- un coronel del Marine Corps y asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver North, hubiera organizado una red de narcotraficantes y vendedores de armas desde su despacho situado a pocos metros de la Oficina Oval de la Casa Blanca para financiar a la “contra” nicaragüense. No le fue tan mal a North después de estallado el escándalo: libró de ir a la cárcel y en la actualidad se desempeña en varios programas de la ultraconservadora cadena Fox News Channel. Estos episodios revelan con elocuencia el clima moral que prevalece en las legiones imperiales.

La derrota de la invasión mercenaria lejos de aplacar al imperio exacerbó aún más sus instintos asesinos: la respuesta fue la preparación de un nuevo plan, Operación Mangosta, que contemplaba la realización de numerosos atentados y sabotajes tendientes a desarticular la producción, destruir cosechas, incendiar cañaverales, obstaculizar el transporte marítimo y el abastecimiento de la isla y amedrentar a los eventuales compradores de productos cubanos, especialmente el níquel. En pocas palabras: preparar lo que luego sería el infame bloqueo integral que sufre Cuba desde los comienzos mismos de la Revolución. Huelga decirlo pero el pueblo cubano -patriótico, consciente y organizado, fiel heredero de las enseñanzas de José Martí- frustró una vez más los miserables designios de la Operación Mangosta. Al día siguiente del bombardeo aéreo del 15 de Abril, en el homenaje que el pueblo de Cuba rendía a sus víctimas, Fidel proclamaría el carácter socialista de la Revolución Cubana con las siguientes palabras: "Compañeros obreros y campesinos: esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes". Y el 19 de Abril, en Playa Girón, se libraría el combate decisivo que culminaría con la primera derrota militar del imperialismo en tierras americanas. Latinoamérica, su respiración contenida ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta parte del mundo. Durante aquellas históricas jornadas la camarilla contrarrevolucionaria estaba a la espera en Miami, presta para trasladarse a Cuba una vez que los invasores controlasen por 72 horas una “zona liberada” que les permitiera constituirse como “gobierno provisional” y, desde allí, solicitar el reconocimiento de la Casa Blanca y la OEA, y la ayuda militar de Estados Unidos para derrotar a la Revolución. Pero Fidel también lo sabía, y por eso su voz de mando fue la de aplastar a la invasión sin perder un minuto, cosa que efectivamente ocurrió. Parece que en Miami todavía siguen esperando.

jueves

Deambulaba, patrullando las calles a ver si la encontraba, aunque era lo último que quería. Me aturdía la enormidad descomunal de una ciudad donde eso es, precisamente, su principal desgracia. Conocí aquel día, rumbos erráticos, perdidos en la memoria o desolados, incluso llegué a caminar en círculos sin que nadie lo notara. Entre lloviznas ocasionales pisaba las hojas y buscaba el sol. Trataba de sentir cada fierro que componía las rejas que tocaban mis dedos al andar o volar parado sobre las paredes que no valía la pena intentar tocar. Eternizaba la miseria que reflejaba en los demás para verlos a todos iguales a mí.
En el bosque el dolor se convierte en un recuerdo vago de antaño, incluso se vuelve alegre, carente de un nombre que lo reconozca o de algún lugar en el espacio.

¿tomamos café?

Hay recuerdos que trastornan, que hacen olvidar cualquier concepción anterior al mismo. Existen recuerdos que destruyen y construyen a su antojo los matices de algún universo, o de todos, y existen otros que inundan la vista, aun mirando directamente al sol. Conozco algunos por los que daría más que la vida y otros pocos que son la vida en sí; esos que te roban el aire, o el alma, de un suspiro y que te lo devuelven cuando ya todo ha estallado y ya nada vale la pena.
No recuerdo su cara, ni el mundo que se construía mientras yo dormía.

sábado, 16 de abril de 2011

Noche de baile

Me convierto en mi propia inercia, en una sombra de un recuerdo que busca iluminarse con fantasías. Esperando nada y mirando la hora y el día, calculando exactamente los segundos que llevo de abstinencia. Toco las canciones que ya conozco, una y otra vez, no para encontrar consuelo o compañía, sino buscando no enfrentar eso que desconozco y que tanto me aterra y me paraliza.

martes, 12 de abril de 2011

No conocía la verdadera decadencia hasta el día que caminé de memoria por los pasillos totalmente oscuros, solo y sin polera, tambaleándome y tomando de la botella mientras miraba el techo.

días y flores

Volvió del baño y trancó la puerta con el balón de gas, intentó tapar lo mejor que pudo las ventanas con las cortinas que tenía y de un tirón del cable de la luz apagó nuestro ojos.
La atmósfera se comenzó a teñir de colores de primavera, mientras nos confundíamos entre el mirar y el vivir. Olvidábamos épocas y compañías, incluso para qué habíamos subido al cerro, cuando un fruto estalló el encarnizado tiroteo. Los infinitos eternos del bosque cubrían mi cara de los impactos de los rasantes proyectiles. Recogí algunas balas que encontré de los años de la resistencia y otras de siglos anteriores, hice algunas señas para que me cubrieran y comencé a correr. Una vez que los disparos se hicieron más inminentes, las tres risas inundaron el bosque, como alguna vez lo habían hecho en otros días más verdes que estos; días que evocábamos involuntariamente con nuestras sonrisas.
Corrí y corrí sin parar, esperando que alguien me siguiera. Tenía ganas de reír. Ya no podía parar, en una carretera de un solo sentido buscaba el camino de regreso.

lunes, 11 de abril de 2011

cuadernos

No sé por qué, pero el que come a mi lado me da pena, tal vez porque tiene hambre; la forma de comer puede decir mucho de ti. A lo mejor esa empanada es su almuerzo, como el mío, que fue una mierda. ¿A alguien le daré pena también?

jueves, 7 de abril de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

Con la cabeza en otro lugar pasaba en limpio las palabras que estaban quedando horrendas por razones obvias, mientras las distintas partes de mí salían corriendo en diversas direcciones buscando algo que hiciera por fin amanecer. La única solución que encontraba, por absurda e ingenua que fuera, era conectarme.

martes, 5 de abril de 2011

Sonaban los misfits mientras la noche pasaba tranquila y eterna frente al techo oscuro que debía de estar ahí.
Quiero saber lo que hubiese soñado anoche, en ese lugar escondido, si el sofocante aire saturado de agua me hubiera dejado cerrar los ojos.

domingo, 3 de abril de 2011

Durmiendo en el pasto

No alcanzaba a ser un sueño, era más bien una maraña de pensamientos inconexos y extraños que nada tenían que ver con la realidad. Éstos fluían sin control como si jamás los hubiera imaginado, pero todavía muy oscuros para verlos caminar, era como si todo el universo se redujera a palabras pronunciadas por algún álter ego que nunca conseguí llegar a ver.

sábado, 2 de abril de 2011

Tengo tanto, pero tanto frío, que lo único que me apena es no alcanzar a soñar todo lo que quería.

viernes, 1 de abril de 2011

Eran algo así como las ocho de la mañana, pero ya no me importaba llegar tarde a clases porque seguía sin polera alucinado con las cicatrices del techo. Hacía frío. Tomamos café sentados entre el suelo y el colchón, escarchados por un tímido silencio que no puedo recordar muy bien, porque se escondía bajo pláticas amorfas y de hervidores y bajo el café mismo. Me dijo que íbamos a tener que comer pan solo porque no tenía refrigerador y blablabla. Creo que fue eso lo que me hizo despertar realmente y ver que el hambre que no me dejaba dormir no había sido sólo un capricho.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está