miércoles, 27 de abril de 2011

En el planeta del sonido.

Sonaba el silencio inexorable que se escucha en el ojo de una tormenta, cuando sorpresivamente todo se volvió efervescente, en una marejada de notas y acordes disonantes que revolucionaban los pasos de las gentes atareadas sin que ellas lo notaran. Era como estar dentro de un microondas que obligaba hasta a la más ínfima parte de mí a hervir y a hacer explotar mis poros. Todo parecía normal para las cámaras de seguridad que vigilaban los pasillos, porque no alcanzaban a distinguir la malicia que evocaba mi sonrisa ni la suspicacia que se escapaba a borbotones por mis ojos. Intentaba disimular el paso al andar y no mover la cabeza con los golpes de la caja, pero mientras más contenía esa fuerza irrevocable, más resuelta volvía por librarse al fin y hacerme saltar sobre las plantas o arrojarme al pasto violentamente al compás de la música.

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