domingo, 18 de julio de 2010

ducha infinita

Como si hubiera hecho un daño inexpugnable; maté mil niños, comí de sus ropas, me reí de sus padres y no sé como pasó todo esto. Al no conocer motivos ni razones, como siempre, le pongo un rostro para saber por quien lloro. Es el hecho que ella murió al traicionarme o que muero un poco más con cada ella; lo que hasta ahora no puedo explicar. No importa que color de ojos tenga ni el sabor de su sonrisa, el final siempre es el mismo. Puede ser escondidos en un auto, sentados en la calle o la mesita de un café; nos hemos traicionado indistintamente. No ha importado cuan reales han sido aquellas tardes; la tortura ha prevalecido y con ello la mentira se vuelve una verdad instantánea, que luego es infinita y absoluta. Entonces se corrompe con tu verdad también tu vida, vendiendo tu alma a una mentira salvadora. Pero me consuela saber que una pizca de todo fue real y eso soporta cualquier tortura, entonces vale la pena no delatarla.

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