está la dolorosa duda de culparme y las cosas se tornan graciosamente para hacerlo aún más difícil; me culpa la idea de haberla negado un instante, haberme avergonzado de lo que éramos y en concreto haber escondido su único recuerdo, aunque este nunca salió mi cabeza. el hecho de no reconocerla puede haber gatillado que en ese pequeño instante ella también me haya negado en un segundo algo más importante. ocasiones que marcan las diferencias, desde algo tan estúpido como ocultarla, llego a escarbar los pequeños pedazos restantes de humanidad que me sobraron de mi alma; diferencias exponenciales, que ahora son abismos y que ni ella ni yo podríamos llegar a dimensionar al momento de negarnos por primera vez. existe entonces tal fuerza capaz de separarnos, capaz de contarle lo que había hecho, de disuadirla. como un estupidez lleva a la otra y esas pequeñas disputas que separan vidas; me arrepiento de haberte ocultado a ti y a todo lo que contigo traías, pero tal vez fue para mejor, aún así me arrepiento ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario