martes, 7 de septiembre de 2010

hasta siempre...

Contra todas mis esperanzas y anhelos, sentado en un carrito ridículo tirado por un caballo terminé, creo que les decían victorias... para mí eso era un rotundo fracaso.
Bajo el sol veíamos cosas y más cosas, que yo no era capaz de entender, aunque en el intento olvidara momentáneamente las miradas incansables que nos perseguían. Paseábamos como prisioneros de guerra por las calles cubanas, mientras se calcinaban mis sueños, sentados sobre la abrasadora cuerina negra, rodábamos hacia una inminente tragedia. Como en un zoológico, se escuchaban llover las fotos que trataban de entender la miseria, pero ni con el más mínimo ánimo de empatía. Nos convertimos, entonces, en los animales; encerrados, esperando el juicio, en nuestra cárcel rodante. Me daba lástima, pero no lo que veía; no me conmovía ni el hambre, ni la ausencia, ni el presidio... sentía lástima de mí y de poder pagar una estupidez como aquel paseo.
Me consuela saber que nunca estuve de acuerdo.

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