Es una imagen que no puedo sacar de mi cabeza; que me atormenta y me aterra; que me persigue. Tanta miseria que me descompensa. Busco y busco alguna imagen para liberar lo que siento, lo que no puedo expresar en palabras, mas no encuentro en ningún lado tanta miseria derramada. No existen sentimientos antes descritos, de lo que me conmovió aquel día. Puedo ver perfecto en mi cabeza 3 figuras deambulando: un padre y un hijo, de la mano, caminando por la galería que se caía a pedazos, vestidos de una forma que rozaba la pobreza. El niño tiraba de un cordón atado a un desteñido auto de plástico; de esos que ya no se ven por acá, esos que son demasiado baratos como para que las nuevas juventudes los entiendan. Esa imagen, como un todo, es lo que me transporta o tal vez la idea de un padre es lo que me conmueve.
Recuerdo haberlos mirado hasta que se perdieran entre ese mar de sol y sombras, pero no consigo hacer que se pierdan. El recogimiento de ese carrito azul, sin más sentido que parecer un auto, me despedaza.
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